36. SIESTA
36 días a mis espaldas, y todavía me quedan otros 30, cuando mi programa de 66 días estuvo en grave peligro.
He superado tres días durísimos, con los que esta semana logré completar 7 días de entrenamiento antes del resumen de la cuarta semana.
Estos 3 días me han dejado agotado, entre otras cosas porque hice una carrera que una persona normal difícilmente se plantearía, sobre todo a –3 grados. Si a principios de semana mi objetivo era acabar conmigo, puedo decir que más o menos lo conseguí. Pero lo que más me jode es que creo que pillé la gripe y parece que me estoy poniendo enfermo, porque anoche me acompañaron el dolor de garganta, los mocos y una sudoración como la que suele preceder a una enfermedad seria. Cuando escribo esta entrada, ya me encuentro mejor; mi única suerte es que ahora vienen 2 días de descanso.
Estoy cabreadísimo conmigo mismo porque me sobreexigí en medio de un programa que ya de por sí era agotador, y me pasé al otro extremo, como dice el refrán. Que esto sirva de ejemplo para todo el que se embarque en un programa de entrenamiento largo, porque por muy bien que te sienten los entrenamientos y por muy en forma que te sientas, no aumentes radicalmente los entrenamientos previstos; parece que una vez más se confirma que menos es más. Antes de empezar estos 64 días, había llegado a entrenar 20 días seguidos, ese era mi récord. Ahora voy por el día 36 y cada día exploro terrenos que desconozco. Por desgracia, eso significa que tengo que aprender de mis propios errores, así que ojalá ustedes no se topen con obstáculos como estos.
El día 33, gimnasio; el día 34, correr; y el día 35, otra vez entrenamiento de hombros y tríceps, con el que cerré esta semana suicida. No sabría decir nada especial sobre los entrenamientos de gimnasio, aparte de que al final apenas podía levantar los brazos. Mejor paso rápido a mi carrera, que fue la mejor hasta ahora. La distancia más larga, por la ruta más difícil, que corrí con el mejor promedio y, por supuesto, la mayor cagada. Me sentía en la cima y, obviamente, en esos momentos es obligatorio darse el batacazo, que esta vez también tenía que ocurrir sí o sí. Creo que aquí fue cuando mi cuerpo también se vino abajo, dejando vía libre a la gripe, aunque sospecho que pillé esta mierda de mi abuela, cuando fui a verla al hospital.
12,35 km, 3 grados bajo cero.


Desde Hősök tere, por Andrássy y cruzando el puente de las Cadenas hasta el Castillo, bajando por el otro lado hacia Tabán, puente de la Libertad, plaza Kálvin, Astoria y Deák, de vuelta hasta Hősök.
En Kálvin noté que la cosa empezaba a ponerse fea; ya me costaba correr y aún me quedaban 2,5 km hasta la meta. Y toda la zona de Astoria está patas arriba, así que corrí desde Astoria hasta Deák por tablones, entre montículos de tierra removida y placas de hormigón. Justo lo que me faltaba para terminar: una buena carrerita campo a través. Intenté meter de alguna manera en la historia unas cuantas maldiciones contra Demszky, pero no había manera de que encajara, así que lo resolví así. Este tramo me dejó hecho polvo, tanto que mi cuerpo ya no pudo recuperarse. Fue el primer síntoma de que estaba cayendo enfermo. Al día siguiente hice otra sesión de gimnasio y por la noche me empezó a doler la garganta. La carrera y, en general, toda la semana dejaron mi cuerpo destrozado. Me sentía débil y indispuesto, pero de verdad me asusté cuando en HBO pusieron una buena escena de sexo de Boardwalk Empire y no reaccioné. Entonces ya supe que algo iba mal.
Soy un gilipollas de mucho cuidado, y esto se podría haber evitado fácilmente, porque tengo un organismo muy fuerte. Recibe vitaminas y todos los nutrientes necesarios, pero con la carrera de 6 km del lunes, en ayunas y habiendo dormido 2 horas, ya le había preparado el terreno a esta puta gripe de mierda. Así que solo puedo culparme a mí mismo, pero, en serio, aprended de esto. No tengo ni idea de qué va a pasar; me esperan 2 días de descanso y, si no me recupero, tendré que suspender los entrenamientos, porque las enfermedades que no se curan bien pueden causar auténticos estragos. Ahora mismo estoy al borde de caer enfermo. Debería tomarme el día libre, pero ya voy atrasado con el trabajo y, además, esta noche tengo una reunión. Ya veremos.
Si alguien va a entrenar y se encuentra con el mismo problema, porque, si he leído bien, ahora hay tres tipos de epidemia activa, aunque la H1N1 no es para tanto, que no se desanime: cuando la vida te da mierda, esto solo es un plan de entrenamiento y siempre se puede estar peor. Hay gente que está mucho más jodida; pienso aquí en el equivalente húngaro de Winona Ryder, Tibi Bakáts «salami».
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ACTUALIZACIÓN: Joder, se me olvidó publicar la foto de la ciudad que hice mientras corría por el castillo.


