El espíritu de la Navidad
La Navidad es como el alcohol. Saca a la superficie nuestros sentimientos. Hace mucho que este mundo ya no trata del amor, pero aun así, ese es el único vínculo entre las personas que todavía mantiene en funcionamiento todo este sistema llamado vida.
La celebración del amor, ¿verdad?, cuando la familia está reunida, cuando en teoría estamos con quienes queremos. Muchos corazones se rompen durante estos 3 días, porque mientras que entre semana tenemos muchas maneras de distraernos, en estos días todo se calma a nuestro alrededor y aparecen las sombras de las que nos vemos obligados a huir, y oímos las voces que el ruido de la vida urbana y del día a día consigue acallar en nuestra cabeza. 3 días en los que, de algún modo, todo encaja, queramos o no.
En menos de un año perdí a mi abuelo y, como suele pasar, unos meses después también murió mi abuela. No pudo seguir viviendo sin su marido. Pero ¿por qué iba a seguir viviendo? Después de 60 años juntos, ¿qué iba a hacer sola? Siguió a mi abuelo para poder estar de nuevo con él.
Mi padre, aunque no lo dijera, quedó muy afectado, como es natural, por la pérdida de sus padres. Luego pasaron seis meses y, para que mi madre tampoco se quedara fuera de la bendición divina, perdió a su hermano, de su misma edad, con tan solo 55 años. De repente, sin previo aviso.
Esta Navidad fue de algún modo distinta a las anteriores. Pero no solo por la pérdida de familiares, sino porque por primera vez comprendí el verdadero significado de la Navidad: que la humanidad necesita esta celebración, porque si después de la religión también esta celebración pierde su fuerza, entonces ya no tendremos nada a lo que aferrarnos.
Para algunos, la Navidad traerá dolor, un dolor profundo y catártico, mientras que para otros significará llevar las emociones al máximo, según el estado emocional en que nos encontremos y con quién o quiénes no estemos realmente.

La Navidad, dentro de un marco institucionalizado, nos enfrenta a todo aquello de lo que intentamos huir durante el resto del año: nuestros sentimientos. Ya sabéis, para que no duela. Muchos corazones se rompen durante estas fiestas, pero también es cuando podemos ver con mayor claridad. La ausencia de alguien, la ausencia definitiva de algunas personas, ver con claridad las heridas que nos han causado, la existencia de las familias o la farsa de las familias que no existen…
La Navidad no puede existir sin amor. El árbol no es bonito por los adornos; las comidas y cenas navideñas no son deliciosas por la comida; la luz no se vuelve acogedora gracias a las luces, ni la música gracias a las melodías. Todo eso no son más que decorados para la obra, pero quienes dan vida a la pieza, a la gran producción, son los actores. Y si algo va mal con ellos, la obra tampoco cuaja y no llega el estruendoso éxito.
Nosotros llenamos la Navidad de emociones, nosotros le damos vida, pero si también nos falta el fuego, no se crea el calor del hogar. En la vida decidimos sobre todo, salvo una cosa. Si nuestro destino se tuerce, siempre es culpa nuestra, excepto en lo que respecta a nuestras emociones. No tenemos poder sobre ellas; no elegimos a nuestros familiares. Si no podemos estar con quien amamos de verdad y de corazón, en la mayoría de los casos no depende de nosotros. No tenemos poder sobre nuestras emociones, no decidimos; solo nos quedamos indefensos, esperando el veredicto durante esos 3 días concretos que el espíritu de la Navidad pronuncia sobre nosotros.
Feliz Navidad.
