Una generación inclinada hacia la vida

A Lifetilt-generáció

«Pronto llegará el día en que saldremos de los confines que nos impone internet y todo el país conocerá nuestro movimiento. Preparaos, porque ahora está naciendo la comunidad que lo cambiará todo. Ahora nuestra generación saldrá a escena. Ahora nos toca a nosotros».

La historia de Hungría es la prueba más contundente de que la historia no la escriben los partidos políticos ni las ideologías, sino, en realidad, las grandes generaciones. En la historia de cada nación encontramos numerosos ejemplos de cómo, en una época histórica importante, aparece una generación que, de pronto, se convierte en algo más y cobra forma en movimientos. Una generación que ha madurado hasta comprender que hay que cambiar. Entonces surge un grupo de personas que, aunque no se conocen entre sí, se unen gracias a una causa común y a su fe en el futuro.

Una generación se convierte en una generación histórica cuando nos damos cuenta de que algo nos une. De que tenemos una misión, de que el mundo en que vivimos y la nación a la que pertenecemos nos han encomendado una tarea que debemos cumplir.

La oportunidad está ahí. Ya hemos comprendido que hay que cambiar. Pero llevar a buen término la misión de la reforma de los comedores escolares y asumir las dificultades que conlleva depende únicamente de nosotros.

Sin embargo, cambiar un sistema existente, aunque funcione mal, es una de las tareas más difíciles, y más aún en Hungría. En este país, el concepto de cuidarse por cuenta propia es desconocido, porque la mayoría de la gente siempre espera que una autoridad superior mejore su vida. Depender siempre de alguien, culpar a otra persona y, demonizando a los malvados, crear sombras oscuras a las que poder señalar y decir: sí, es él. Por su culpa mi vida va mal. Si no estuviera, todo sería diferente.

Los pensamientos anquilosados, la tragedia de la costumbre y el miedo a lo nuevo son uno de los poderes más fuertes de Hungría. Si surge algo nuevo, innovador, una iniciativa progresista, el sistema se desconecta automáticamente y la rechaza, por muy buenas que sean las intenciones de esa iniciativa. Resignarse a nuestro destino, pasarse el día quejándose, la negatividad sin fin, esa cierta mala suerte que nos azota desde hace tanto. Eso es lo que nos caracteriza. Nunca ha habido tanto cinismo en Hungría como hoy. En su amargura, la gente vomita odio y les niega cualquier mérito a quienes, más allá de la autocompasión y la melancolía, están dispuestos a hacer algo por sí mismos y por su futuro. Mala voluntad y afán de causar daño. A esto hemos llegado: esta es nuestra verdadera desgracia.

En un entorno así es donde tenemos que lograr cosas sobrehumanas. Por eso, no dejéis que os confunda el hecho de que no todos los que os rodean estarán de acuerdo con nosotros. Habrá quienes, y no pocos, nos desdeñen y reciban nuestros esfuerzos con una sonrisa burlona y despectiva. Las personas mezquinas y de carácter débil, incapaces de acoger ideales elevados, se burlarán de nosotros y dirán que fracasaremos de todas formas, que qué nos creemos, que la política decidirá por nosotros de todas formas, que somos demasiado pequeños para poder cambiar nada.

Habrá voces así, pero esas voces no son las voces de la vida. Esas manifestaciones no sirven al futuro; la negatividad nunca ha construido nada.

Tenéis que creer en lo que defendéis, tenéis que creer en vosotros mismos, tenéis que creer que nuestra generación puede convertirse en una generación unida, porque sí, tenemos la fuerza necesaria para hacerlo realidad. Tenemos la fuerza y la capacidad de seguir adelante incluso cuando nos topamos con cientos de muros. Porque los habrá.

En los últimos 3 años, se ha creado una comunidad grande y fuerte en LifeTILT. Gracias al cambio de estilo de vida y a los beneficios del deporte, vosotros, que estáis leyendo estas líneas, ya sabéis de lo que sois capaces. Ya sabéis que todo depende de una decisión. Vosotros, que estáis leyendo estas líneas y a quienes LifeTILT ha fortalecido en los últimos años, sabéis exactamente de qué estoy hablando. Ante vuestros ojos, TILT pasó de ser un blog en el que cualquiera podía registrarse a convertirse en una comunidad de decenas de miles de personas que, a lo largo de su recorrido, ha dado fuerza a miles y decenas de miles de personas y les ha ayudado a cambiar sus vidas. Vine de la nada, empecé desde cero. Creí que crearía algo grandioso, y TILT se alzó.

Este proceso tampoco fue fácil para mí. Miles de obstáculos y cientos de zancadillas se cruzaron en mi camino. Cuanto más conseguía, cuanto más alto fijaba la mirada, más intensos se volvían los ataques que sufría y más fuertes los insultos que me llovían. Cuando hablaba de mis planes, se reían de mí; después, al ver que, pese a todo, tenía éxito, quisieron doblegarme y hacerme imposible seguir adelante. Pero yo seguía creyendo en algo, defendía una forma de pensar distinta de lo habitual, quería crear algo nuevo y eso era lo único que tenía presente. Cuanto más grandes eran las bofetadas que recibía, menos las sentía. Cuanto más fuerte me gritaban al oído que no lo conseguiría, menos los oía. Las manos que querían hacerme retroceder, con el paso del tiempo ya no podían alcanzarme; ya no habrían tenido ni la menor posibilidad de agarrarme.

Cada bofetada solo me hizo más fuerte y, al cabo de un tiempo, hasta empecé a buscarlas. Buscaba las bofetadas porque nada da tanta fuerza como levantarse del suelo. No puedes renacer si antes no has muerto. Lo único que tendrás en tu camino será tu fe, sobre todo en ti mismo. Si la pierdes, si dudas de ti y te desvías de tu camino, solo será cuestión de tiempo que las hienas y los buitres carroñeros que esperan tu caída te despedacen. Si pierdes la fe, estás acabado. Mi ejemplo personal y el ascenso de LifeTILT sirvan de prueba viviente del poder que encierran mis palabras.

El sueño de todo padre es que sus hijos no solo lleguen más lejos, sino que sean mejores que ellos. Nuestro sueño es que nuestros padres piensen en nosotros con orgullo y que nos convirtamos en miembros útiles de nuestra sociedad.

La oportunidad está ahí. La posibilidad de pasar de ser una generación a convertirnos en un legado para las generaciones futuras también está a nuestro alcance. La única pregunta es qué grandes objetivos comunes nos convertirán en una gran generación, en los depositarios del futuro de las próximas generaciones.

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