Programa de las Madres, parte 1 - Ejemplos a seguir

El programa LifeTilt para madres, parte I: Ejemplos a seguir
¿Por qué algunas mujeres que empujan un cochecito y dieron a luz hace unos meses parecen tortugas de pantano con el pelo crecido? La respuesta es sencilla. Creen que pueden hacerlo. Piensan que el parto y el bebé las eximen, que el niño es un escudo que pueden llevar delante mientras avanzan por la carretera de la sociedad y que, si alguien —añado que con toda la razón— se atreve a decirles: «Ese vómito en tu peto vaqueros de jardinero lleva ahí tres días y es muy mono, de verdad, pero, si no te importa, haz algo contigo misma, que van a llamar a Sanidad», entonces se indignan muchísimo y dicen: «¡Qué ignorante eres! ¿Cómo puedes decir algo así, si di a luz hace 8 meses?». Lo entendéis: hace 8 meses… Es muy fácil quedarse en ese estado de «ahora tengo derecho a verme así» y usar la crianza de los hijos como excusa durante años, pero luego no hay que extrañarse si, al cabo de un tiempo, el marido busca satisfacción en otra parte, por mucho amor que haya, porque a veces, desde la perspectiva masculina, una falda en el diablo resulta más atractiva a largo plazo que unos pantalones de chándal en el ángel amado. Debéis tener un mínimo de cuidado personal, sobre todo si sois mujeres, en cualquier circunstancia. Nada puede justificar descuidarlo, ni siquiera tener otro hijo, y mucho menos meses después del parto. Ante todo, sois mujeres, madres y esposas, no un recipiente que absorbe toda la suciedad del niño. Los hombres también son padres, también crían, se levantan, alimentan y cuidan, pero eso no los exime de ir a trabajar. Todo el mundo debe cumplir por igual con las obligaciones propias de su género; la única diferencia es que con un niño será más difícil...
También voy a traducirlo al idioma de las mujeres para que lo entiendan. Imagínate a un hombre que al principio de la relación era muy guay, pero que, una vez que te tuvo, empezó a pasar de todo y se quedó sin trabajo. Después de que tú dieras a luz, el tipo no tiene ni una pizca de ganas de ponerse a buscar trabajo para manteneros. Al menos verías que quiere hacer algo con su vida, que aceptaría cualquier trabajo con tal de ayudaros a ti y al niño, pero no, porque pasa de todo. No le importa cumplir con su deber básico porque ya te tiene, no se esfuerza; total, ahí está el niño, y tú no vas a serle infiel, porque en ese estado ni siquiera podrías. Y lo demás, simplemente, no le importa. Pues algo parecido sienten también los hombres cuando están con mujeres que lo llenan todo de circunstancias y se olvidan de seguir siendo mujeres, porque ahí está el niño, que para ellas lo eclipsa todo. Sí, puede eclipsarlo todo, pero no es seguro que la relación pueda soportarlo, porque, personalmente, como hombre, me jodería muchísimo llegar a casa y encontrarme todos los días con mi madre en el estado que ya mencioné, y encima tener que acostarme con ella. Ahora, claro, muchísimas personas, al leer estas líneas, se han visto reflejadas y, en vez de prepararse para cambiar, están furiosísimas conmigo por ser un capullo, por qué voy a saber yo de esto, con qué autoridad, y que, por lo demás, me meta debajo de un tren y cierre el pico. Muy bien. Ahora pon esa energía rabiosa en mejorar tu calidad de vida, y puede que dentro de unos meses hasta me estés agradecida. Decidas lo que decidas, lo importante es que ya es hora de que cambies, o, si no, no te sorprendas si tu marido no te contesta el teléfono ni siquiera a las ocho y cuarto, mientras tú crees que no tiene nada que hacer. Claro, ya sabemos lo de los amigos…

Para una mujer, es importantísimo exhibir ante el mundo su condición de madre, pero el verdadero estatus social de madre se revela cuando la vida se pone difícil y a menudo cruel. Y, aun en esas circunstancias, seguir siendo mujer es algo fantástico. En realidad, los hombres buscan a mujeres así, capaces de hacerlo, porque queremos vivir con ellas, tener hijos con ellas y formar una familia a su lado. Queremos vivir en cualquier circunstancia con mujeres de verdad, mujeres que sigan cuidando de sí mismas pase lo que pase. Eso es lo importante. Sin embargo, no todas las mujeres son capaces de alcanzar el estatus de mujer de verdad, eso es un hecho; de ellas salen las aventuras de una noche.
Una de las misiones más importantes de LifeTilt es motivar a muchas personas, presentando historias de vida y ejemplos inspiradores de personas que viven entre nosotros. Esta publicación tratará de tres mujeres así. Tres madres que, después del parto, no se abandonaron y, a pesar de todas las dificultades que conlleva la maternidad, recuperaron quiénes eran y su figura de antes. Que estas tres mujeres sean un ejemplo para todas, incluso cuando resulta muy difícil ser madre, una mujer atractiva y una esposa deseable al mismo tiempo. No todo el mundo lo consigue, pero, como ven, no es imposible.
Adriána

Di a luz a mi hija a los 24 años. En algún sitio leí que muchas mujeres empiezan a ocuparse de sí mismas y de su figura durante el embarazo. A mí también me pasó. No es de extrañar, porque dentro de ti se desarrolla una vida a partir de un puntito invisible a simple vista. Me interesaba saber cuántos kilos engordaba; me desagradaba ver cómo me crecían los muslos, y ni hablar de que mis nalgas se llenaban de celulitis. Pero cuando me miraba al espejo, no me importaba tanto, porque era más importante preguntarme cuánto mediría ya el pequeño ser que vivía dentro de mí.
Así que pasé de pesar 60 kilos a unos 78, con mis 165 centímetros. Es curioso que todo el mundo le diga a una embarazada que no se preocupe por su peso, que eso no importa en este estado tan bendito, pero la segunda o tercera pregunta que le hace cualquier mujer a una conocida embarazada es: «¿Cuánto has engordado?». Por supuesto, tampoco me puse a moldear mi figura durante la primera semana después del parto. Durante los primeros 1 o 2 meses, yo también intenté adaptarme a la maternidad. Después hacía algunos ejercicios a diario, sin mucho entusiasmo. Empecé a pensar que, para haber dado a luz hacía poco, me mantenía bastante bien. Pero cuando vinieron a visitar a mi hija pequeña, mi abuela comentó que no me devolvería el vestido «negro» que le había prestado a mi prima, porque de todos modos ya no me iba a quedar.
Di a luz en septiembre y, entre diciembre y julio, bajé de 68 kg a 52 kg, a los 24 años, después de tener un hijo y mientras amamantaba, haciendo ejercicio todos los días.
Empecé con DVD de entrenamiento para hacer en casa. Al principio hacía ejercicios para una parte del cuerpo cada día. Luego, cuando ya pude con eso, añadí ejercicios para fortalecer los abdominales para cada parte del cuerpo. Mientras tanto, siempre estuve pendiente de si tenía suficiente leche; si hubiera surgido algún problema, lo habría dejado todo. Después, tal como está escrito aquí, en el blog, fui usando cada vez menos los DVD. Compramos pesas para los tobillos y mancuernas. Con eso también me iba bastante bien. Hacía una hora de ejercicio al día; acababa agradablemente cansada, pero no era suficiente.
Encontré el blog Lifetilt por casualidad, hacia marzo. Entonces debía de pesar unos 62 kilos, así que, por decirlo de alguna manera, casi había alcanzado el «peso ideal». No cabe duda de que no recuperarás tu cuerpo de antes. Veo que ya no tengo la curva de cintura «de niña»; no tiene sentido maquillarlo: los pechos tampoco volverán a ser los de antes y a mí también me salieron estrías. Pero este blog hace algo en las personas que te lleva a intentar ser mejor aún, en todos los sentidos. Así que la maternidad provocó en mí un cambio de perspectiva. Veía todos los éxitos del blog y, al principio, claro, sentí un poco de envidia. Me venían los pensamientos convencionales: claro, ella todavía no tiene hijos, para ella es fácil, yo no tengo tiempo para correr, ya odiaba correr en el instituto... Al final lo superé, porque el blog también promueve un cambio de estilo de vida y de perspectiva. Gracias a él empecé a correr, a complementar los ejercicios del DVD y a hacerlos más variados con otros que se pueden hacer en casa. En vez de tener pensamientos malintencionados, empecé a admirar a esas personas que de alguna manera habían superado sus propios límites. Así que, cuando corría o, como en el caso mencionado, no me apetecía nada hacer ejercicio, siempre pensaba que no estaba sola, que tampoco era fácil para los demás, que otros lo habían conseguido y que yo también lo conseguiría. Hacía todo el ejercicio mientras dormía el niño; no sé hacer ejercicio con el niño o mientras está conmigo, creo que no se puede concentrar una así. Para mí, la gimnasia para madres y bebés es un chiste.
Yo ya tenía más de 20 kilos de sobrepeso cuando empecé a leer el blog Lifetilt. Quizá me habría conformado con llegar a los 60-58 kilos, pero por suerte no lo hice. ¡Gracias! Sentí que costaba más deshacerme de esos últimos kilos que de los pensamientos que me frenaban. ¡No hay excusas! Sí, a veces el niño no duerme todo el día; entonces me pongo manos a la obra a las ocho de la noche. Eso es lo realmente difícil... pero aun así valió la pena.
Di a luz a mi hija a los 24 años. Soy madre a los 24, pero me siento mejor conmigo misma que nunca; no siento que haya hecho nada mal ni que me haya precipitado. Quiero a mi hija, pero también me quiero lo suficiente como para seguir cuidándome. ¿Por qué no iba a poder hacerlo? Si yo me siento bien, mi hija y mi marido también estarán bien.
Barbi

Llevo un millón de años leyendo tu blog y, aunque la verdad es que eres bastante borde, de alguna manera me gusta tu actitud; creo que esa es la receta secreta para motivar a las mujeres. Sin embargo, no estoy segura de que tratar con madres de bebés vaya a acabar bien... Apoyaría muchísimo que las mujeres afrontaran la vida así, que se valoraran y respetaran tanto a sus maridos como para no parecer una foca, pero ni de coña lo hará más que un porcentaje mínimo.
Tenía 21 años cuando di a luz a mi hija. Ahora tengo 23, y entre el bebé, la universidad, las tareas del hogar y dos prácticas, no me sobra el tiempo libre. Por eso me veo obligada a recurrir a DVD de fitness, pero aun así consigo hacer entre 5 y 6 sesiones semanales de más o menos una hora para mantenerme en forma...
Pero en cuanto estuvieras orgullosa de tener todos los ámbitos de tu vida en orden, las hienas se te echarían encima. Tengo 23 años y, cuando oyen todo lo que hago además de cuidar a mi hijo, enseguida piensan: «¿QUIÉN CUIDA DEL NIÑO MIENTRAS TÚ, ASQUEROSA HIJA DE PUTA, PIERDES TODO ESTE TIEMPO EN TI Y EN REALIZARTE?». A nadie le importa que trabaje mientras el bebé duerme y por la noche, ni que haga ejercicio con el peque. Lo único que importa es que, si no tienes 15 o 20 kilos de más, seguro que no te aceptan.
Se puede hablar conmigo de cualquier cosa; tengo opinión sobre todo (y por lo general no menosprecio a nadie, salvo que sean unos inútiles), y aun así he llegado al punto de que la «sociedad de madres» me excluye porque no tengo el aspecto de la tortuga que mencionaste. Sí, bueno, me da igual por mí, pero estaría bien poder llevar a mi hija de año y medio a estar con otros niños, y así no hay manera.
En una palabra, esto será muchísimo más difícil de lo que crees, aunque servirá para dar que hablar.
¡Mucho éxito!
Móni

Hace 13 meses nació la luz de mis ojos, y ese fue a la vez el día más feliz y más difícil de mi vida. Sinceramente, no era ni la sombra de mí misma y no me gustaba la mujer que me miraba desde el espejo.
Como toda mujer de verdad, siempre tenía algún problema conmigo misma. Durante el embarazo tuve toxemia y, en las últimas semanas, la tensión arterial se me disparó. En resumen, empecé el embarazo pesando 52 kg y, cuando di a luz, pesaba más de 80 kg.
Mido 164 cm. Después de dar a luz, tampoco pesaba mucho menos de 70 y pico kilos. Me gusta verme guapa, me encanta sentirme una mujer de verdad y también me ayudó mucho la vanidad que llevo dentro. Sinceramente, lo probé todo. Desde las «pastillas milagrosas» hasta dejar de comer, pasé por todo, como alguien desesperado por adelgazar rápido. No quería entender que no se pueden revertir en dos semanas los cambios de nueve o diez meses.
Empecé primero con el speefitness, pero luego me di cuenta de que no servía de nada y, además, me gusta esforzarme para conseguir mis resultados y liberar tensiones. Por eso me apunté a un gimnasio exclusivamente para mujeres, donde no hay hombres y nadie me intimida. Eliminé de mi dieta los carbohidratos, es decir, el pan, la pasta y todo lo blanco.
Lo que recomiendo sin dudar a todo el mundo es hacer ejercicio con regularidad, llevar una alimentación saludable y tomar una mezcla de té verde y té de sen. S y, por último, pero no menos importante, tener determinación, perseverancia y llevarlo a cabo.
Inspiraros en estas mujeres y encontrad hombres que merezcan todos los sacrificios que hacéis por vosotras mismas, por vuestra relación, vuestra familia y, por último, pero no menos importante, vuestra vida sexual.


