Vampiros energéticos
Las personas negativas están por todas partes y, como una enfermedad mortal, tarde o temprano te consumirán si no las echas de tu vida.
Un vampiro energético puede ser un vecino molesto, un conocido que se te pega y te convierte en su cubo de basura emocional, una antigua novia que reaparece después de salir de una relación, pero la mayoría de las veces se trata simplemente de una persona amargada, incapaz de alcanzar sus sueños y que hace tiempo abandonó sus planes, que hará todo lo posible por arrastrarte de vuelta al pantano del que nunca logró salir. Los vampiros energéticos son felices cuando a los demás les va mal. Los fracasos ajenos son su éxito, pues les permiten justificar que, mira, tampoco lo consiguieron, no soy tan inútil. Son incapaces de soportar el éxito ajeno, porque cada ejemplo positivo que ven los enfrenta a sus propias debilidades, algo que no pueden soportar, así que menosprecian y trivializan esos logros. Los vampiros energéticos son, por naturaleza, personas malvadas y amargadas por el veneno que se ha ido acumulando en su interior debido a sus fracasos, su falta de éxito y sus decepciones. Los vampiros energéticos siempre, en todos los casos, permanecen estancados; nunca avanzan, como mucho retroceden, pero jamás progresan. Si pasamos junto a ellos, intentan detenernos; si justo estamos cayendo, nos esperan con los brazos abiertos y felices, y luego, apoyándose en nosotros, nos empujan aún más abajo.
Conscientemente, pero la mayoría de las veces de forma inconsciente, crean situaciones en las que se alimentan de tu energía vital. La necesitan porque nunca tuvieron fuerza propia o porque esta ha disminuido considerablemente. Están llenos de sentimientos negativos, son malvados y mezquinos, o simplemente no están genéticamente predispuestos a llevar una vida exitosa, y ellos también lo saben, por lo que se enfurecen aún más. Gran parte de su energía se consume en construir un mundo inexistente que han creado para sí mismos y en mantener esa apariencia, sobre todo ante sí mismos, solo para no tener que enfrentarse a la realidad: son incapaces de lograr nada en la vida. Se mienten a sí mismos y crean su propia comunidad, en la que, por supuesto, hay fracasados y don nadie igual que ellos, pero así les resulta más fácil sobrevivir, porque hasta un despojo humano parece vivo cuando pasea por el cementerio.
Estas personas luchan contra un montón de problemas, pero, en vez de mirarse a sí mismas, consideran que el mundo es la causa de todos sus males; siempre hay otro culpable, siempre hay un poder superior al que pueden echarle la culpa. Son incapaces de dar un paso por sí solas y siempre ven a alguien más como su salvador. Mantienen a estas personas cerca y, al verlas sufrir también, sienten que recuperan la energía temporalmente, porque necesitan ver que no solo ellas lo pasan mal, sino que los demás también sufren, y eso llena de alivio sus almas oscuras. Los vampiros de energía son demonios repudiados hasta por el infierno, que envenenan poco a poco y que, detrás de su sonrisa, siempre esconden ira, dudas y mala voluntad…
Todo el mundo tiene un amigo que, cuando se reúne con él, siempre transmite optimismo y energía; cuando estás con él, también ves el mundo más bonito y empiezas a hacer planes para el futuro. Los vampiros de energía son justo lo contrario. Cuando habláis, sientes vacío y apatía, y después del encuentro te pones de mal humor e irritable. También puede pasar a menudo que, en amistades de muchos años, al cabo de un tiempo la otra persona se convierta en una carga; es más, incluso en una relación que empezó como un amor apasionado puedes sentir que tu pareja te asfixia con sus problemas. Naturalmente, no todos los amigos que necesitan ayuda o están pasando por una mala racha son manipuladores que te absorben la energía, pero conviene tener cuidado con quienes lo hacen de forma habitual. Por lo demás, es fácil reconocer a estos cabrones. Digas lo que digas, ya sea algo negativo o positivo, siempre tiene algo más grande que contar. Si le hablas de algún logro tuyo, no es una mierda comparado con el suyo, pero a él también le duele más y durante más tiempo la ruptura, porque, claro, su relación era distinta a la de los demás y, además, ha perdido una fuente de energía estable. Las personas negativas están llenas de sentimientos de inferioridad, que suelen deberse a que…
1. Si es hombre, por ser bajo; si es mujer, por ser alta.
2. Simplemente es una persona defectuosa
3. Es feo y/o gordo
4. Está en una situación social peor que aquella en la que cree estar, pero no tiene fuerzas para hacer algo al respecto o ni siquiera posibilidad de conseguirlo
Intenta aliviar sus complejos rebajando a los demás a su nivel. Cuando habla de sí mismo, siempre aparece en el papel de mártir y sufridor. Es quien siempre está debajo de la mierda de paloma o a quien le mean en el jardín, pero, por supuesto, cada uno de sus fracasos es culpa de los demás. Nunca está satisfecho con nada; en el diccionario, junto a la palabra «pesimismo», probablemente encontrarás su foto llena de mierda. Por consideración, no te atreves a decir cosas buenas en su presencia; más bien, tú también rebuscas historias pertinentes y conmovedoras que te entristecen, y así empieza tu propio hundimiento.

Todo el mundo conoce a esas personas que, después de conocerte cinco minutos, ya te han contado toda su vida: desde el matrimonio lleno de frustraciones de sus padres hasta sus problemas laborales y el relato de su vida negativa y quemada. El mejor ejemplo son los vagabundos, que aprovechan cualquier ocasión para soltarte toda su mierda si por casualidad te pones a hablar con ellos. Cuanto más llegas a saber de alguien en un periodo determinado, más seguro puedes estar de que hace tiempo que tendrían que haberlo empujado bajo un tren.
Esta gente es llamativamente cordial y amable hasta que descubre para qué puede utilizarte. Durante las conversaciones en las que fingen ser sinceros, te buscan las debilidades y, cuando hablan de ti en una reunión o en una comida de trabajo, te clavan un cuchillo por la espalda para que todos se rían de ti o cuchicheen a tus espaldas. Luego, claro, te sueltan un «perdona, joder, no lo decía en serio», y que era una broma, y que no puede ser que no pilles la indirecta. Este tipo de cabrón solo habla contigo cuando estáis a solas, pero si hay otra gente en el grupo cuya amistad considera más ventajosa, ni se digna a hacerte caso. No para de hacer bromas, acaparar la atención y disfrutar contando a cuánta gente conoce, lo íntimos que son y las experiencias que han compartido, aunque, por supuesto, nada de eso sea verdad.
Supongo que algunos os habréis dado por aludidos, pero no pasa nada. Está bien que tengas claro que, a mis ojos, tu valor está por debajo del de un cartón de leche en un centro de reciclaje. Por vuestro propio bien, evitad a esta gente. Sacad de vuestras vidas a estos despojos, por mucho tiempo que los conozcáis o por mucho pasado o infancia compartidos que os unan, porque las personas cambian, y ni mucho menos todas para bien. Da igual en qué categoría te encasilles en la vida, porque lo único que importa es cómo vives, cómo llevas años viviendo. Todo lo que te rodea te define y te pone frente a un espejo. La calidad de tu entorno y de la gente que te rodea es el espejo más claro en el que deberías mirarte de vez en cuando, porque no viene mal verte tal como eres en realidad, y no tal como llevas años diciéndote que eres.
