Transformación emocional
La mayor tragedia de las mujeres y, en general, de las personas es que, cuando su vida se desmorona, con la esperanza de encontrar consuelo o una salida, y buscando soluciones inmediatas, toman malas decisiones y se unen a personas que no las merecen.
Actividades sustitutas, personas sustitutas, una vida de reemplazo. Lo hacen, claro, para que no les duela, para distraerse del fracaso y de la decepción que no cesa, y huir de las sombras oscuras de su pasado.
No hay transición. Pero, en un estado emocional caótico, una persona no puede decidir correctamente ni sobre su futuro ni sobre cómo elegir a las personas adecuadas. Bastan unos estímulos emocionales sencillos, la sensación de ser querido, a cualquier precio y, si es posible, de inmediato, da igual con quién. Basta con que haya alguien, porque estar solo significa que estamos acabados; la angustia nos devora vivos. Pero esto solo trata los síntomas. Xanax para el cerebro, lidocaína para una fractura abierta, un alivio momentáneo, pero no podemos engañar a nuestras emociones; nada va a ayudar.
Hace falta un espacio entre el final y una nueva vida. Hace falta un poco de tiempo para retirar los escombros. Hace falta un poco de tiempo para poner en orden nuestros pensamientos y poder decidir con calma qué hacer a continuación, y hace falta un poco de tiempo para reunir fuerzas para construir.
Este breve período lo es todo, porque durante este tiempo evaluamos lo que ocurrió en el pasado, definimos nuestro presente y sentamos las bases de nuestras acciones futuras. Si, durante este período de transición, los estímulos que recibimos no vienen de la dirección adecuada y las personas que reunimos a nuestro alrededor por necesidad no nos brindan los estímulos emocionales que satisfacen nuestras necesidades, estos, sin excepción, harán que nuestros pensamientos tomen un rumbo equivocado y, con el tiempo, esto tendrá consecuencias imprevisibles.
Ese período de transición que determina profundamente tu vida emocional y tus acciones, y para ese período de transición LifeTILT es la solución.
¿Y por qué? Porque no te conozco, no te quiero, no significas nada para mí. Lo que escribo, lo que te transmito, es la realidad que yo también vivo, igual que tú o cualquier otra persona. No me ciegan los vínculos emocionales contigo, no quiero protegerte de las decepciones, no te oculto nada solo porque te quiera y no quiera que sufras. No quiero hacerte daño, solo quiero que veas las cosas con claridad, que no construyas sobre las ruinas. Porque, si lo haces, puedes construir lo que quieras, pero tarde o temprano las emociones, los sentimientos reprimidos y tu pasado sin cerrar lo derrumbarán. Vivo entre vosotros, la vida también me ha hecho sufrir, yo también vivo la vida. No soy especial ni mejor que nadie. Solo soy una persona a la que a veces la vida se le hace difícil, incluso insoportable.

No tengo ninguna misión, tampoco soy invulnerable; para ti solo soy un sueño ilusorio, una persona que no existe, un espejismo. Yo tampoco sé las respuestas a la mayoría de las preguntas, pero hay una cosa que sí sé. Sé cómo mantenerse a flote y, a pesar de los golpes de la vida, no solo seguir a flote, sino también avanzar y construir. Y ahora también sé a qué se lo debo…
La serie de publicaciones Transformación es la esencia de LifeTILT. Es la síntesis de todas mis experiencias mentales, emocionales e intelectuales, adquiridas durante los últimos años gracias a TILT. Tú decides si me escuchas y si crees en mí, pero nunca olvides una cosa: yo también vivo en la misma caricatura que tú.
Parte 5
Vaciaste el piso. Tiraste los objetos, te deshiciste de un montón de cosas innecesarias, pero la historia no termina ahí, porque vaciarlo de objetos está muy lejos de traerte paz. No puedes deshacerte así como así de los recuerdos que marcaron tu pasado. Después de hacer una gran limpieza en casa, puede que sintieras que de verdad estabas mejor y que te habías quitado un peso de encima, pero pasarán unos días y volverás a encontrarte en el mismo matadero emocional que unos días antes, y los recuerdos irán volviendo poco a poco a tu cabeza.
Entonces creerás que dije puras tonterías y que lo que yo propongo tampoco es una solución. Porque duele igual que antes, y ahora ya no tienes contigo esos objetos que, aunque no tenían ninguna razón de estar en tu vida, al menos te daban un alivio momentáneo y te servían para recordar. Había algo tangible, y no solo un recuerdo intangible en tu cabeza. Un recuerdo cuyos contornos cada vez cuesta más distinguir con el paso del tiempo, aunque tú quieras recordar. Porque necesitas ese maldito pasado, claro que lo necesitas. Lo necesitas porque, si tu presente es infeliz, tampoco verás el futuro con más optimismo. Entonces, ¿qué te queda? Los momentos felices vividos en el pasado. Pero si vives en el pasado, mueres en el presente.
En este punto te enfadarás. Te enfadarás con quienes hasta ahora habrías hecho cualquier cosa, te enfadarás con quienes llevan años haciéndote sentir que tu vida no avanza, pero, sobre todo, te enfadarás conmigo por haberte quitado incluso estos objetos. Ese pequeño extra que todavía te permitía volver a sentir. Porque, por muy fuerte que te creas, por mucho que pienses que ya has superado a las personas que marcaron profundamente el rumbo de tu vida, a veces basta el más mínimo detalle de la vida para que, en un instante, vuelvas a caer en ese pozo emocional del que llevas meses o, en el peor de los casos, años intentando salir.
Porque todos estamos en un agujero, y la vida es tan jodidamente difícil precisamente porque intentamos salir de él continuamente; eso consume la mayor parte de nuestras energías. La mayoría de las veces cavamos esos agujeros nosotros mismos con nuestras malas decisiones y nuestras debilidades humanas, pero, por desgracia, a veces la pala no está en nuestras manos. El divorcio de los padres, la falta de dinero, un padre alcohólico, una infancia difícil, la sensación de exclusión; el destino reparte a cada cual lo suyo, y los golpes que recibe cada persona son distintos. Pero hay algo que nos golpea a todos sin excepción. Y no es otra cosa que nuestras emociones. Esos agujeros, la fuerza necesaria para salir de ellos, el entorno que nos rodea, que determina fundamentalmente la magnitud de nuestra fuerza y, por último, nuestras emociones, capaces de anularlo todo.

En este mundo, la emoción es el mayor poder; todo está gobernado por ella. Determina cada paso de nuestra vida, influye en nuestros pensamientos y ejerce una influencia sin necesidad de argumentos cuando tomamos decisiones. La eterna lucha entre nuestra conciencia y nuestras emociones. Esa sensación de saber exactamente qué sería lo correcto, qué deberíamos hacer, pero que nuestras emociones simplemente barren con toda racionalidad.
Cuando estás frente a la otra persona y sabes que eso es todo, que la historia ha terminado. Que lo más correcto sería largarte de allí de una vez, pero no tienes fuerzas, las piernas no quieren moverse. Las puertas ya se han cerrado, esa vida ya no te ofrece nada, pero tú sigues, sigues ahí, inmóvil, sin ponerte en marcha. Tu mente ya se iría, pero tu corazón simplemente no te deja.
¿Pero qué te da miedo? ¿Por qué no te pones en marcha? Si sabes lo que deberías hacer, si sabes qué sería lo correcto, ¿qué te lo impide entonces? ¿Qué te ha dado esa vida a la que tanto te aferras? ¿Qué te ha dado tu pasado que todavía no puedes dejar atrás? ¿Qué te ha quitado para que sientas que no puedes vivir una vida plena sin ello? Sabemos bien que no hay respuestas, pero en este caso no vas a necesitar respuestas, sino una solución, porque no puedes seguir así. Bueno, poder puedes, pero no vale una puta pena.
Sin embargo, solo se puede responder a las emociones con emociones. Y esa es la única arma que tenemos. No nos ayudarán ni el tiempo, ni el psicólogo, ni los amigos, ni nadie más. En cada maldito minuto de la vida buscamos emociones o, si no las conseguimos, las provocamos o, al menos, intentamos crear la ilusión perfecta de tenerlas. Pero nunca será suficiente; puedes esnifar, beber, meterte lo que quieras, yo ya lo sé bien: después solo será peor.

En la entrada anterior te pedí que confiaras en mí. Pues ahora ha llegado el momento de que vuelvas a hacer lo que te pido. La cuenta atrás de tu nuevo mundo empieza ahora, y tienes que dar tú los primeros pasos en este nuevo mundo. Sin mí, sin amigos, sin conocidos, a solas; es decir, únicamente con la persona con la que siempre puedes contar en la vida: tú mismo. Este paso tienes que darlo a solas, por favor, no te lleves a nadie.
Ahora estás a punto de entrar en un mundo que a mí también me ha hecho más fuerte, que me ha fortalecido tanto que hoy nadie ni nada puede interponerse en mi camino. Ya no hay obstáculos delante de mí, ya no tengo miedo, ya sé qué hace falta para no solo poder levantarme, sino también seguir adelante. Una sensación que sentí por primera vez hace 3 años. Esta sensación es la base de todo TILT, esta sensación puso mi vida en marcha y, después de 27 años, por fin empecé a vivir.
Renacimiento
Me importa una mierda qué tiempo haga fuera. No me importa que llueva, que haya –5 grados, que estés cansado, que no tengas fuerzas, que hayas trabajado 12 horas, que haga viento. Da completamente igual lo que pase a tu alrededor o la hora que sea: simplemente cámbiate, ponte las zapatillas y sal a la calle.
No hace falta que vayas de compras antes, ni unas zapatillas perfectas para correr, ni una puta chaqueta reflectante, una cinta para la cabeza, un reloj pulsómetro, no necesitas nada. Simplemente sal, porque ahora vas a correr. No importa si no has corrido en 3 años, ni pasa nada si solo eres capaz de recorrer 500 metros. El rendimiento no se mide en distancias, sino en superar los límites de cada persona.
Ahora levántate y arranca. Créeme, sé de lo que hablo. Empieza a correr. Simplemente empieza y no lo pienses. No va a pasar nada especial todavía, pero tampoco es este momento el que necesitamos. Mientras tus piernas aún te lleven y avances con facilidad, sigue adelante y prepárate para cuando empieces a cansarte, porque pronto llegará el momento de arrancar.
Cuando empieces a cansarte, antes de parar, pon esta música. Ponla en el minuto 3:27 y arranca. No importa que estés cansado, que no puedas más, que te mueras de ganas de parar. Simplemente pon la música desde el 3:27 y arranca.
Empieza a correr cada vez más rápido. Corre como nunca lo has hecho. No pienses en el dolor ni en que no puedes seguir, porque ahora eso te importa una mierda. Ahora no te estás preparando para otra cosa que para arrancarte el pasado de dentro. Tienes que arrancártelo de dentro, tienes que matar a tu antiguo yo para poder empezar uno nuevo, y eso es exactamente lo que vas a hacer ahora.
Esta carrera será tu renacimiento, será tu transformación emocional. Si paras ahora, estás acabado. Ahora tienes que seguir. No importa lo que ocurra a tu alrededor, tienes que seguir adelante. Aísla el mundo exterior, desconéctate de todo y, cuando solo estéis tú y el camino, cuando no quede nada más, cuando apenas puedas respirar y tus piernas casi no puedan seguir, entonces abre las puertas del infierno y deja entrar tu pasado.
Deja entrar todo aquello de lo que hasta ahora has querido mantenerte alejado. Saca todos los recuerdos. Saca los momentos más dolorosos de tu pasado y deja que el dolor se extienda por tu cuerpo, que te atraviesen todas las emociones que temes. Que ahora afloren toda la rabia, la decepción, el dolor o la sensación de vacío, y canaliza toda esa energía en esta carrera.
Ya no puedes seguir huyendo de tus recuerdos. No puedes seguir distrayéndote con otra cosa cuando algo te viene a la mente, porque eso no hace que el dolor sea menos amargo. ¿Es que todavía no lo entiendes? Recuerda y elige la peor versión. No está contigo porque nunca te quiso; no estás donde te gustaría estar porque no das la talla para la vida. Da igual qué herida desgarre a cada quien: ahora mételo en esta carrera y corre mientras suene la música. ¡Corre, joder, corre! Huye de tu pasado o corre hacia tu futuro, da igual, porque si ahora no paras, tu pasado se volverá mucho más borroso y podrás ver tu presente con más claridad.
Deja que la rabia te invada y que los recuerdos despierten tantas emociones en ti que te derrumbes. Rómpete. Quiero que recuerdes, que te hagas pedazos. Recuerda como si todavía estuvieras allí, donde tanto sufriste. Vuelve con la mente y llora en el armario mientras oyes gritar a tus padres; vuelve a estar allí cuando te enteras de que el amor de tu vida te deja, cuando descubres que te engañan, cuando resulta que te han tomado el pelo, cuando la muerte de un ser querido destrozó tu vida. Revive tus fracasos, saca todo lo doloroso de tu pasado. Todo lo que sigue afectando tu presente.
Y cuando ya no puedas más, deja que todo salga de ti. Llora si hace falta, tumbado en el suelo, sentado en un banco, mientras vuelves caminando a casa. No te importe quién te vea ni dónde estés. Que le den a la gente. Si de verdad lo has dado todo y has tenido el valor de recordar, a estas alturas deberías haber llegado a un estado que no se puede describir con palabras. Porque cuando nos ocurre algo realmente maravilloso, no se puede describir con palabras; hay que sentirlo.
Si lo sientes, felicidades. Te doy la bienvenida al grupo de los lifetilteros. Vivir esos momentos que no se pueden describir. Pertenecer a esto significa precisamente eso. Eso es lo que te da el deporte, y ahora acabas de probarlo. A estas alturas ya has empezado a dar los primeros pasos de tu nuevo camino; a estas alturas ya ha comenzado tu transformación emocional.
