En casa con el niño - Cómo lo vive mi esposa 4

Itthon a gyerekkel – Ahogy a feleségem éli meg 4

Suelo pasar la aspiradora cada dos días. Hoy es domingo y esta semana Tomi solo la ha usado para aspirarle los mocos. Espero que se haya reservado la limpieza para hoy. Aunque pasar la aspiradora es un tema complicado, porque a Ádám le da mucho miedo. Así que hay dos posibilidades: o lo hago a las nueve de la noche, cuando ya está dormido, o lo hago con Ádám en un brazo y pasando la aspiradora con el otro. 

“Siempre elijo a una persona perezosa para hacer un trabajo difícil. Porque encontrará una manera fácil de hacerlo.” 

Esta cita es de Bill Gates y nunca había comprobado tan de cerca hasta qué punto es verdad. Cosas que ya he aprendido de Tomi durante la primera semana:

– No hace falta doblar la ropa limpia y guardarla en el armario de cada uno, como suelo hacer yo. Basta con separarla, dejarla sobre sus camas y cada uno la dobla y la guarda. Sí, incluso el de 6 años, que hasta ahora había mantenido oculta esta habilidad.

–  Ádám se entretiene de maravilla en el parque, incluso juega allí solo media hora hasta tres veces al día. En ese tiempo se pueden hacer un montón de cosas y, además, no desordena toda la casa. Tomi me enseñó que el secreto está en no andar haciendo cosas en el salón mientras tanto, porque si estoy allí, quiere salir enseguida.

– Si dejo la basura delante de la puerta, el conserje se la lleva por la mañana y no tengo que subir con ella hasta el cuarto de basuras.

– No hace falta pasarse tres horas cocinando siempre que vienen invitados.

– Los platos sucios seguirán sucios mañana; si no me apetece guardarlos a las once, no se acaba el mundo y pueden esperar hasta la mañana.

– Si por la noche cada uno recoge sus cosas, las que ha dejado desperdigadas por las zonas comunes, no tengo que dedicarle 20 minutos a hacerlo cuando se han acostado.

En general, estas son lecciones que ya han hecho que valiera la pena empezar este intercambio. No me esperaba que yo también fuera a aprender tantas cosas de él.

Pero Tomi cada vez parece más hecho polvo. Se le ve cansado y cada vez está más gruñón. A veces se queda mirando al vacío y no entiendo qué le pasa. Hoy me soltó un grito preguntando quién había dejado las zapatillas tiradas. ¿Será que el síndrome de la bruja del hogar empieza a apoderarse de él? ¿Y si este síndrome no afecta solo a algunas personas que se ocupan de la casa, sino que puede aparecerle a cualquiera que dedica su tiempo a una tarea propia de una lucha contra molinos de viento, interminable y que no le interesa especialmente a nadie? 

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