Fracasos

Kudarcok

El discurso de Steve Jobs en Stanford, que para estas alturas ya ha pasado a la historia, tuvo un gran impacto en mí, pero sobre todo la parte en la que habló de cómo se conectan las cosas.

Vale la pena prestar atención a personas de la talla de Jobs y, en general, a quienes han creado algo duradero, han logrado algo excepcional y tienen esa capacidad que los distingue de esta multitud de 7.000 millones de personas. Hay que observar cada movimiento de personas así, beberse cada una de sus palabras y valorar cada minuto que podamos pasar cerca de ellas, porque su referente es su propia vida. Y si tenemos la inteligencia para aprovechar la información y las ideas que comparten incorporándolas a nuestra propia vida, hagámoslo sin pensarlo, porque al final del camino que hemos emprendido gracias a ellas encontraremos algo extraordinario, que, sin embargo, ya será solo nuestro y estará únicamente bajo nuestro control.

Cómo se conectan las cosas, cuando nos damos cuenta de que nada sucede por casualidad, y ocho años después de Stanford, yo también sé de qué hablaba Jobs entonces. Una historia sobre cómo el fracaso es una parte indispensable de nuestro crecimiento, y que si no nos topamos con él, vamos por mal camino. Esta es mi historia, la historia del nacimiento de LifeTilt, algo que nunca habría ocurrido si no hubiera fracasado, o si la vida no me hubiera dejado por los suelos, y si no hubiera sentido que ya estaba, que todo había terminado, que no había salida y que no podía levantarme de donde estaba. Una historia, nada más; un ejemplo de que, la mayoría de las veces, hace falta una serie de tragedias para encontrar tu camino, porque a veces hay que perder para después ganarlo todo.

Marzo de 2009

Rompí con el amor más grande de mi vida hasta entonces. Una ruptura que me destrozó cruelmente; después sentí que no había salida, y anhelar con dolor se convirtió en parte de mi día a día. Me despertaba con dolor y me acostaba con esa sensación punzante durante meses. Todo me lo recordaba, y nada ayudaba ni aliviaba el sufrimiento. No ayudaban la bebida ni las chicas; adonde fuera y lo que hiciera, todo me lo recordaba. Solo podía hablar de ella y no podía escapar de ella, pero tampoco quería. Una chica que me arrancó el alma, una chica cuya pérdida me hizo sentir que lo había perdido todo. Si mi mejor amigo no hubiera estado a mi lado entonces, no tengo ni idea de cómo habría salido de ese estado. Hablé de esa chica en la radio Juventus, la periodista de RTL Klub la mencionó, y fue por demostrarle algo a ella que empecé a escribir este blog.

Quería hacer algo que volviera a llamar su atención, crear cualquier cosa que me permitiera demostrarle que ya no soy ese don nadie sin perspectivas y sin futuro que fui durante nuestra relación. Mi mayor fracaso en la vida es haber perdido a la mujer que amaba más que a nadie y por quien habría hecho cualquier cosa; y, cuando me di cuenta de lo que había perdido, no pude recuperarla. Entré en razón demasiado tarde, di demasiado tarde los pasos que tendría que haber dado entonces, en vez de limitarme a hablar de ello cuando todavía estábamos juntos. Si no hubiera sido por esta chica, si no hubiera sido por esta ruptura, este blog nunca habría nacido. Gracias a esta chica me di cuenta de cuáles son las verdaderas obligaciones de un hombre en la vida: que un hombre no vale nada sin objetivos ni visión de futuro, que tiene la obligación de aportar algo y de no conformarse nunca con lo que tiene. A un hombre solo debería importarle el primer puesto, y debería tener dominancia y ambición, y, por muchas dificultades que la vida le ponga delante, debería enfrentarse a ellas y salir victorioso de la batalla. Hasta el día de hoy, esa ambición y ese deseo insaciable de seguir mejorando son lo que impulsan a LifeTilt. A esta chica y a mi fracaso les debéis LifeTilt, y yo le debo prácticamente todo a esta chica.

Agosto de 2010

En aquel entonces todavía trabajaba en Vodafone, pero ya estaba a punto de soltarle un par de tiros al departamento de Recursos Humanos. No tenía ningún problema con Vodafone, sino con toda la estructura corporativa, que te arrebata los sueños y te despoja de toda tu individualidad, como una relación con esa persona equivocada a tu lado. Miedos, jueguecitos mezquinos, la mentalidad de que la empresa está por encima de todo, reuniones que no llevan a ninguna parte, relaciones que hace tiempo se han estancado, el temor a perder el dinero que llega cada mes, que con cada mes que pasa sigue encadenando tus posibilidades. Sabía que tenía que dar el paso, pero, por supuesto, a mí tampoco me sobraba el valor, como a la mayoría de la gente. Hablábamos de libertad, de lo bien que estaría, de qué pasaría si… En las pausas para fumar contábamos los sueños de infancia, esperando el gran golpe que tarde o temprano tenía que llegar, porque no podía seguir siendo así para siempre; luego, al apagar la colilla, también se apagaba el fuego de nuestro entusiasmo, y volvíamos al curro con sueños y esperanzas en la cabeza.

Claro que es bonito creer que algún día todo irá mejor, pero también habría que hacer algo al respecto, no limitarse a masturbarse mentalmente durante años, como hice yo. A algunos les va bien este estado de tibia nada, pero no son más que don nadie irrelevantes que no llegarán a ninguna parte en la vida. Hay quien está orgulloso de ser humano, mientras que otros necesitan dinero y fama. A unos les atraen el arte y el conocimiento; a otros, la aventura, para convertirse en héroes. Creemos en miles de dioses distintos, que no están con nosotros cuando los necesitamos, pero tarde o temprano nos damos cuenta de que no hay otra fuerza, solo una que nos empuja, y es exclusivamente el deseo incesante que llevamos dentro…

En Vodafone hay constantemente formaciones internas a las que se puede acceder por recomendación. Son imprescindibles para ascender a un puesto de mayor responsabilidad, que implica más dinero y, por supuesto, más responsabilidades. Por aquel entonces trabajaba en un equipo y nuestra tarea era redactar contratos de flota, es decir, fijábamos las tarifas, el precio por minuto, la cantidad de datos incluida en el paquete, la cuota básica de suscripción de cada empresa, etc. Era un puto trabajo de mierda, lo odiaba con toda mi alma, entre otras cosas porque simplemente no puedo trabajar en un equipo si no soy yo quien lo dirige. Estamos en octubre de 2010, tres meses antes de que naciera Tilt, cuando el jefe del departamento me pide que vaya a su despacho porque quiere hablar conmigo. Nos sentamos y me ofrece un puesto más alto, pero, claro, para eso tengo que completar una formación. Joder, pienso. Quiero dejar todo esto, y ahora van a atarme aún más, y sobre todo me voy a atar yo mismo. A día de hoy sigo odiándome por haber dicho que sí, porque volví a conformarme y elegí el camino seguro en vez de arriesgarme y empezar algo nuevo que me hiciera feliz, aunque quizá acabara en fracaso, pero al menos me diera la posibilidad de realizarme. Era como la típica mujer que no sale de una relación naufragada, aunque sabe desde hace mucho que no funciona y que ya no quiere seguir en ella; luego aparece el chico, sonríe amablemente durante una semana, tiene un detalle, y la chica se queda en toda esa farsa ridícula, esa relación condenada al fracaso, y solo se engaña a sí misma y prolonga su sufrimiento.

Tenía 6 semanas para prepararme. Recibí toda la ayuda posible y tenía que sacar 75 puntos. Para entonces ya había aceptado mi destino y empezaba a disfrutar de todo aquello. Un puesto nuevo, un cargo directivo; empezaba a sentirme como esos verdaderos idiotas que en las reuniones de exalumnos se hacen los importantes y fingen que han triunfado en la vida por ser mandos intermedios. Hice el examen, ya me había imaginado mentalmente la vida con más dinero y entonces llegó el resultado. 73 puntos. Mierda. Dos puntos menos de los que necesitaba. Esa misma noche me emborraché hasta perder el sentido, porque no solo me había negado a mí mismo, sino que además ni siquiera había conseguido el trabajo que tanto despreciaba. Se derrumbó la confianza que tenía en mí mismo, toqué fondo y viví todo aquello como un fracaso enorme, pero ese fue el momento en que comprendí que tenía que cambiar y que solo era cuestión de tiempo que dejara Vodafone. Si hubiera aprobado el examen, hoy no existiría LifeTilt.

Junio de 2011

LifeTilt está arrasando, la primera temporada de Slim3 es un éxito enorme, que supera todas las expectativas. Para entonces ya llevaba un tiempo en contacto con una empresa de suplementos alimenticios, que en diciembre de 2011 me ofreció un puesto directivo y me pidió que trabajara para ellos. Acepté la oferta y presenté mi renuncia en Vodafone. Empezamos a trabajar juntos con grandes planes, porque para entonces LifeTilt ya había generado un crecimiento del 300 % en la facturación de esa empresa. Me dieron carta blanca y, entre mis primeras medidas, senté las bases de la línea femenina, dividí la empresa en dos y creamos una rama dedicada exclusivamente a las mujeres. Los problemas empezaron un mes después de nuestro acuerdo, y el dueño me pidió que me mantuviera en un segundo plano, porque mi persona era tan controvertida dentro del sector que mi presencia en la empresa perjudicaba sus negocios a ojos de los directivos de otros fabricantes. Me quedé en segundo plano y desde allí movía los hilos. Para entonces ya habían comenzado los preparativos de la segunda temporada de Slim3, que sentaría las bases de la nueva línea femenina que ya he mencionado. No quiero entrar demasiado en detalles, pero ya empezaba a quedar claro que no podríamos trabajar juntos por mucho tiempo, porque ellos pensaban que al contratarme también habían comprado Tilt. Y no hay dinero suficiente para que nadie pueda hacerse con Tilt y degradarlo a un canal de marketing, convirtiéndolo en la página de marketing de un fabricante, porque, de haber sido así, habría perdido toda su esencia y Tilt se habría estrellado en caída libre. Nuestras posturas se fueron alejando cada vez más y, medio año después de empezar a trabajar juntos, acordamos separar nuestros caminos. Dejé Vodafone por el fabricante; es decir, me quedé sin el pan y sin la torta. Así que acordamos que crearía una empresa, una tienda en línea independiente que también sería una fuente segura de ingresos para mí y donde vendería sus productos.

La tienda online estaba lista, todo estaba preparado para empezar, pero el fabricante se echó atrás 3 días antes de firmar el contrato y anunció que no quería seguir trabajando conmigo. Tuve que replanteármelo todo y, tirando a la basura los planes que tenía hasta entonces, construir mi futuro desde cero, aunque en aquel momento se veía bastante sombrío. No sé a quién le han dado una patada en los huevos y, al mismo tiempo, un puñetazo en el estómago, pero pasé por algo parecido durante aquellas semanas. En ese momento se cortó toda relación con ellos y me quedé allí como un gilipollas, sintiéndome fatal, porque también me había ido de Vodafone y ahora ni siquiera tenía esto. Si no hubiera ocurrido aquello, no habría anunciado los programas ni habría conocido a la mujer a la que debo la idea de lanzar mi propia marca al mercado. Si no hubiera ocurrido aquello, ni siquiera se me habría pasado por la cabeza poner en marcha un movimiento, para el que los productos propios proporcionarían el respaldo financiero y económico.

Lo importante es vivir los fracasos y que, tras estos golpes, acabes derrotado, lamiéndote las heridas durante toda la vida y persiguiendo la ilusión de «qué habría pasado si…», o que sigas adelante por la vida como un vencedor, aprendiendo de tus errores y fortalecido. Los fracasos son regalos de la vida, la fuerza más poderosa que, en la mayoría de los casos, guía tu vida en la dirección correcta cuando estabas a punto de tomar un camino equivocado. No os aferréis a la estabilidad solo porque os habéis acostumbrado a ella; mandad a la mierda a vuestra pareja si estáis sufriendo en una relación, porque si ahora es una mierda, después tampoco mejorará: solo sufriréis durante más tiempo, y no hay nada más triste en este mundo que conformarse. No os aferréis a vuestros trabajos si sentís que ese no es el camino que os dicta el corazón. Seguid adelante, arriesgaos, haced realidad vuestros sueños aunque todos a vuestro alrededor se rían de vosotros; dadlo todo, poned el corazón, la energía y todo lo que lleváis dentro, y el resultado no tardará en llegar. La mayoría se aferra al punto A en el que vive, y cuando este llega a su fin, por decepcionante y carente de perspectivas que sea, se derrumba y siente que la vida le ha jodido de mala manera. Pero no olvidéis una cosa. Puede que, para alcanzar la felicidad y vivir plenamente, primero tengáis que perder el punto A, luego el B y también el C, para llegar al final al D, que sois vosotros, donde podréis empezar a vivir en el sentido más noble de la palabra. Para eso hacen falta fracasos, momentos, semanas y meses que se viven con un dolor desgarrador, pero hay que vivirlos y seguir adelante.

La vida es una competición, una lucha constante. A veces vais a fracasar, y también tenéis que hacerlo, porque no hay guerra ganada sin pérdidas ni batallas perdidas. La vida es una eliminatoria, y solo depende de vosotros cuánto tiempo seguís en la competición y en qué puesto acabáis. No os quedéis fuera en la primera ronda, no forméis parte del bando de los fracasados, no seáis unos desechos.

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