Ya me fui, la comida está en la nevera...
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La humanidad ya le debe muchísimo al deporte y al estilo de vida que lo acompaña, y ayer también los lectores del blog de Lifetilt. Y es que ayer fue únicamente gracias a que salí a correr 11 km y, de paso, subí furioso al monte Gellért que no mandé a todo el mundo a la mierda en una entrada de 600 palabras. Me he acelerado un poco demasiado últimamente. Tengo demasiados nombres en el teléfono, demasiada gente innecesaria a mi alrededor y demasiados gilipollas en los comentarios. Se me han juntado las cosas y, o suelto toda esta mierda aquí, o me la guardo y en julio me compro un Kalashnikov para ir a un centro comercial a destrozar la tapicería. He llegado a un punto en el que ya me falta poco para entrar en los despachos de los jefes de la empresa y, sin más preámbulos, mearme en sus escritorios y en la palmera que se trajeron de Nepal y tienen en una esquina. De paso, por mi parte, doy oficialmente por escrita mi carta de renuncia; que el departamento de Recursos Humanos se encargue de darle forma oficial a esta mierda de ahora en adelante. En la vida de todo el mundo llega un momento en que dice: que os den por el culo a todos. Pues a mí ese momento me ha llegado ahora, así que voy a hacer lo siguiente. Me voy a Roma y Barcelona cinco días con dos amigos. Salimos el viernes y volvemos el martes, y todo esto sin que esté dispuesto a entregar ningún papel ni solicitud de vacaciones en el trabajo: simplemente no voy a ir. Y, al mismo tiempo, voy a empezar una limpieza a fondo. Hace demasiado que no saco la basura de Facebook, del móvil, de Twitter y, en general, de mi día a día, así que si alguien desaparece de repente de mi vida, no será culpa del sistema. Los gilipollas de mierda que comentan se quedan, porque además de los indigentes de la vida real, también necesito ver unas cuantas vidas fracasadas en la web para poder apreciar la mía.
Así que el viernes me escaparé un poco de esta mierda que llamamos Budapest. Me hace muchísima falta dejarlo todo aquí por un tiempo, porque siento que empiezo a hundirme en las condiciones miserables de aquí. A veces hay que marcharse para ver por qué tuviste que irte. Me libraré un poco de esta mentalidad pequeñoburguesa, mezquina y ruin, de los miedos y, en general, de esa forma de pensar según la cual, si escribo un artículo sobre cualquiera de las empresas y las mando a tomar por culo porque fueron capaces de vomitar en internet esas gilipolleces kilométricas, no vaya a ser que el imprudente sea yo por escribirlo y decir: «Hola, cabrón, abre los ojos y mira, no te limites a observar». Dave me pregunta un día… ¿De verdad no tengo miedo de que algún día vengan a por mí por mis artículos? Le digo: joder, ¿por qué iba a tener miedo? Si dicen tonterías, engañan a la gente y yo lo escribo respaldándolo con cifras y justificándolo con hechos, ¿por qué iba a tener miedo? ¿Y de qué coño tendría que tener miedo? ¿No existe la libertad de opinión y de expresión o qué cojones? Debería poder decirse que la mierda huele mal y refutar afirmaciones por las que, de hecho, la Autoridad de Competencia ya podría multarlos tranquilamente por engañar a los consumidores. Desenmascarar a los falsos profetas y señalar que el rey está desnudo es la base de nuestra democracia, y debería ser el deber de quienes viven en una sociedad civil reflexiva.

Este sí que es el verdadero control ciudadano, joder. No hacerse pajas delante del Parlamento ni abrir hidrantes en Oktogon. Si Dios bajara alguna vez y leyera el Blikk, seguro que ya podríamos empezar a hacer las maletas los 6.000 millones, porque sale el tren al infierno y tenemos billete. ¿Y entonces no puedo escribir que todo el periódico es una mierda asquerosa y vomitiva porque perjudico intereses y me demandan? Si este es el mundo en que vivimos, avisad, porque entonces ha llegado la hora de salir a la calle a luchar por cosas tan pequeñas como la libertad de expresión, de opinión y de pensamiento. Artículos pagados en los periódicos, secuencias de imágenes que informan sobre resultados maravillosos en Fókusz, y blogs patrocinados por empresas que construyen una ideología en torno a sus mierdas de tres al cuarto y nos restriegan estudios firmados por don nadie, comprados al peso y apodados expertos de medio pelo, para meternos por la cara que compremos esto, que es justo lo que necesitamos. Solo nosotros, los blogueros, nos plantamos ante todo esto y damos voz a que en este país hay algo jodidamente mal y, joder, que no nos tomen por completos idiotas. Blogueros y periodistas independientes (¿todavía existen?) somos quienes nos enfrentamos a la mierda de cada día, porque no dependemos de ningún bando y nadie nos paga. En las reuniones familiares se puede despotricar y hacer huelgas a diestro y siniestro, pero ni los discursos revolucionarios sobre la sopa ni los llamados sindicatos han solucionado jamás nada. Hay huelga, joder: calles secundarias cortadas y quejas gritadas ante las cámaras. Reportajes de una columna de puta madre sobre problemas que afectan y destrozan la vida de todos, junto a un anuncio de Viagra en la página 17, porque la portada es para la decadencia y para quien pagó la publicidad. Nosotros damos voz y pronunciamos esas palabras que a veces pueden ser un poco fuertes, pero si no lo hacemos nosotros, ¿quién? ¿Los periodistas políticos a los que les pagan una millonada, que piensan del mundo lo que les dicen por detrás? ¿O los millones que tiemblan por conservar su puesto y aguantan en silencio porque no tienen otra opción? ¿Quizá el círculo de intelectuales desaparecido desde hace años, que debería ser la fuerza más influyente en la opinión pública? ¿Son ellos quienes nos protegen a los ciudadanos y transmiten nuestras quejas? ¿Dónde estaría el límite si no hubiera al menos una fuerza que influya en la opinión pública entre unas elecciones y otras, cada cuatro años? ¿Una fuerza que, además, mantenga a raya a estos capullos multinacionales? ¿Y cuando nosotros, los blogueros, escribimos que el alquitrán envuelto en papel de colores que nos venden en algunos sitios, las 2400 kcal, no es precisamente un postre dietético, que la pizza no es la comida más saludable por mucho que la presenten así y que una pulsera de 6.000 florines no cura el cáncer, resulta que los idiotas somos nosotros por buscarnos problemas? Mala señal si alguien tuviera que temerles.
Y luego está la política, por la que no paran de darme la lata, diciendo que el blog no va de eso y que qué tiene que ver con los entrenamientos y la dieta. Pues aclaremos algo. Este blog va de lo que yo escriba, y si quiero publicar una foto de una puta mariposa todos los putos días, lo haré; como mucho, al cabo de un tiempo nadie lo leerá. La señorita Zeibig expresó mejor que nadie la esencia del blog en uno de los comentarios: hablar de vida saludable de manera que hasta un portero lo entienda. Sí, pero veo que aun así a muchos les cuesta comprender lo que está escrito.
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Pero lo mejor está pasando últimamente, porque empiezan a poner en duda que Petra haya adelgazado de verdad y recibo comentarios del tipo: que si la luz es distinta, que por qué Petra no sostiene un periódico delante de ella para hacer las fotos, que si seguro que la imagen no está retocada con Photoshop. A mí me pueden tocar las narices, pueden joderme, es más, hasta me gusta, porque soy un puto exhibicionista. Pero lo que no puedo tolerar ni de coña es que la gente descargue toda la amargura de su jodida y fracasada vida sobre una chica que siguió una dieta estricta durante 70 días, entrenó, renunció a muchas cosas y se esforzó muchísimo para alcanzar sus objetivos; perdió más de 11 kilos y motivó a más de 100 mujeres, que por eso también empezaron a cambiar su estilo de vida. ¿Qué Photoshop? ¿Qué periódico? Ah, ¿y que también escribí las publicaciones de Petra? ¿De verdad no os podéis ir a la mierda? Petra completó el programa como es debido y punto. Quien no se lo crea, que se prenda fuego a su casa.
Hay un montón más de cosas que me tienen hasta los cojones, pero ahora no quiero hablar del Summerproject, de la agencia de publicidad Publimont ni de la escolta policial de los representantes que llevan semanas pudriéndose aquí por culpa de la presidencia de la UE, con sirenas yendo y viniendo por la avenida Andrássy . El viernes de madrugada me largo de la ciudad por Ferihegy y que venga el diluvio, pase lo que pase; creo que por primera vez desde 2001 apagaré el teléfono. Ah, sí, tampoco habrá carrera de Lifetilt, porque volvemos el martes. Puede que hasta entonces tampoco haya publicaciones. O sí. Ni yo lo sé todavía.
