Vida1

Life1

 

Pocos lo saben, pero la rehabilitación de los distritos VII, VIII y IX —es decir, echar de una puta vez a los gitanos de las viviendas municipales— avanza a pasos agigantados.  El gobierno anterior no era precisamente famoso por su trabajo ni por sus decisiones, ya que dedicaba la mayor parte del tiempo a perfeccionar el robo a escala industrial. No sé si a alguien le suena el escándalo inmobiliario de Hunvald, que causó tanta polémica, pero esto es lo que pasa cuando el robo a gran escala se encuentra con algo que ha propiciado el mayor desarrollo y la mayor recuperación de los últimos años en los tres distritos mencionados. La oficina municipal, dirigida por el MSZP, echaba sin pestañear de las viviendas municipales a los residentes de toda la vida, abriendo paso al desarrollo y a la rehabilitación de las manzanas. A medida que el distrito se recupera, también aparecen cada vez más inversores, pues no olvidemos que hablamos del corazón de Budapest, de un distrito céntrico.  De ahí proyectos como el paseo Corvin, el complejo residencial Cordia, el conjunto de apartamentos Silverside y el complejo residencial Metropolis, por mencionar solo algunos ejemplos. Se están renovando continuamente plazas infames como Orczy, Gutenberg, Teleki  y Köztársaság; antes, si no entrabas con una katana, no tenías ninguna posibilidad frente a los portugueses de Budapest.

Los signos más visibles del cambio los representa, sin duda, el paseo Corvin. A pesar de sus difíciles comienzos, el paseo y el complejo residencial Cordia se han convertido en una historia de éxito; así, entre otras cosas, Life1 se ha convertido en uno de los gimnasios más populares de la ciudad. A pesar de que (¿o precisamente por eso?) está en el distrito VIII.  Por desgracia, esta enorme popularidad también es la causa de la ruina del lugar, porque el gimnasio hace tiempo que alcanzó el límite de su capacidad: sencillamente, es imposible encontrar un horario en el que no haya que esperar 20 minutos para usar una máquina. Life 1 representa a la perfección el mal endémico de este país: que entre el dinero, y da igual mantener el nivel o que entrenar sea agradable.  Esto es lo que distingue, entre otras cosas, a un club exclusivo de los gimnasios convencionales en el extranjero: fijan un límite y, cuando alcanzan ese número de clientes, no admiten nuevos socios ni clientes, manteniendo así un nivel alto y agradable que no se va al traste por el ambiente desagradable que generan las masas...

Life1 podría ser un lugar de puta madre, porque en realidad lo es, pero con semejante aglomeración van a acabar asfixiándose ellos mismos y, si no se dan cuenta pronto, la gente acabará marchándose de allí igual que hice yo. Con mi abono mensual fui 4 veces a Futó utca 48-50 y lo dejé, porque era sencillamente imposible entrenar.  Intenté ir por la mañana, tarde por la noche, al mediodía; daba igual cuándo, porque siempre estaba lleno y, al cabo de un tiempo, tuve que darme cuenta de que ni siquiera hacía falta que hubiera mucha gente: la zona de pesas es pequeña, así que con 10-15 personas basta para que uno sienta que está a reventar.  Y ni hablar de que en hora punta, es decir, entre las 4 y las 8 de la tarde, hay una multitud como si Cattaneo o Digweed estuviera pinchando en el Studio. El gimnasio es totalmente inadecuado para entrenar en serio, así que me marché a la francesa después de 4 visitas. En cambio, para quien quiera presumir, charlar y estar al teléfono, Life1 es la opción perfecta, así que, si así es como se imagina sus entrenamientos, que se haga sin falta un abono anual.

En cuanto al coste del gimnasio, la verdad es que tienen unos precios bastante elevados, por decirlo suavemente. Un abono mensual cuesta 18.000 y no incluye toalla. Luego, una sesión de entrenamiento personal cuesta 4.000, y parece que no tiene mucha demanda, porque normalmente hay entre 3 y 5 entrenadores paseándose por el gimnasio con camisetas rojas, de un lado para otro, como si estuviera viendo las escenas de zombis de la película El amanecer de los muertos. Eso sí, cuando entrenaba allí a Petra, enseguida se me echaron encima: «Yoyoyo, colega, esto no se puede hacer aquí, que aquí solo pueden entrenar los empleados…». Las típicas chorradas. Le digo al gerente: «Oye, escucha, podría traer a 8-10 chicas para empezar; a cambio, solo pido que me dejes ayudarlas durante el entrenamiento». PUES NO SE PUEDE. Pero le digo: «Tío, veo que no lo entiendes. Son 8 abonos nuevos, 8 x 18.000, es decir, 144.000, más lo que consuman aquí». No, no se puede. La verdad es que era un joven con un talento empresarial excepcional, hay que reconocerlo.

En Life1 han reunido un equipo médico de categoría. Tienen laboratorio, cardiología, evaluaciones físicas, nutrición y un montón de cosas más. Seguro que es bueno, porque cobran 36.000 por un examen cardiológico, aunque ya ofrecen evaluaciones del estado de salud por 19.000 (medición de la presión arterial, EKG…). 

En cuanto a la clientela, la ignorancia es total y absoluta. Creo que nadie conoce las reglas básicas no escritas de los gimnasios, aunque tampoco esperaba otra cosa al ver que este es un gimnasio al que van casi exclusivamente personas que solo tienen una cuota de gimnasio porque queda muy bien en la cartera. Además, el lugar está lleno de extranjeros; también hay bastantes portugueses autóctonos con sus gruesas cadenas de oro, como debe ser, pero casi exclusivamente están en el banco de press de banca y haciendo bíceps. Supongo que eso es a lo que están acostumbrados en el patio del edificio de viviendas de la calle Venyige. Además, como ya he mencionado, aquí viene sobre todo gente para la que entrenar significa ponerse unas zapatillas deportivas y un chándal.

La zona de cardio de la segunda planta está muy bien.  Se nota que han invertido bastante dinero en el lugar y que todo está realmente muy bien hecho. En la planta de cardio están las salas de aeróbic. Va una cantidad increíble de mujeres a esas clases, pero, al igual que la zona de pesas, también está a tope; incluso en las clases menos populares suele estar casi lleno, o al menos así era cuando estuve allí. La zona de bienestar también merece elogios. Hay una gran piscina (es obligatorio llevar gorro de baño), la sauna está bien, pero el solárium es una mierda. En mi opinión, si te tumbas por la noche en la plaza Szabadság, te bronceas más. Al elegir las máquinas de pesas, se nota que la prioridad fue el diseño, no la utilidad. En el mercado hay máquinas mucho mejores y más adecuadas para trabajar con calidad, pero, viendo la actitud de la mayoría de la gente que va aquí y su forma de tomarse el entrenamiento en general, estas máquinas les sobran para lo que necesitan. 

Life1 ha ideado un sistema ingenioso y práctico que conecta todo con todo en el gimnasio. Una tarjeta para todo: con ella abres la taquilla, puedes apuntarte a las clases de aeróbic, usar el solárium, acceder a lo que quieras y también te anotan ahí lo que consumes. Si la pierdes, bloquéala enseguida, porque el saldo puede dispararse en un abrir y cerrar de ojos; por eso todo el mundo la cuida (yo casi la pierdo dos veces). No puedes salir hasta que hayas pagado en recepción el saldo de la tarjeta.

A propósito de la recepción. Por fin un lugar donde se han dado cuenta de que la recepción es uno de los espacios más importantes y que a menudo determina en gran medida la imagen que nos hacemos de una empresa.  Porque cuando entro en algún sitio, lo primero que veo es la recepción, y no tengo por qué estar mirando a una bolsa de basura con el pelo crecido. En muchos sitios no prestan atención a esto. Se gastan millones en diseño y en mejorar su imagen, pero no prestan suficiente atención a un detalle tan pequeño pero importante. En Life1, las chicas de recepción son amables, guapas y serviciales; se nota que les gusta trabajar allí. Lamentablemente, no se puede decir lo mismo del mostrador de la cafetería, porque ya sabéis cómo es ese tipo de personal: te atienden con cara de aburrimiento y más o menos el mismo nivel de inteligencia, pero con una expresión que dan ganas de darles una hostia de la hostia con el revés de la mano para que espabilen de una vez.

Los vestuarios. Sí, es una parte interesante del gimnasio, porque fui a Life1 con tres chicas distintas y las tres se perdieron; dos de ellas no supieron cerrar la taquilla con la tarjeta  . Hay una zona común de entrada, de la que salen dos puertas. A la izquierda, el vestuario de hombres; a la derecha, el de mujeres. El vestuario tiene dos accesos. Una puerta da a la zona del gimnasio  y la otra, a la entrada. Pues bien, eso les dio problemas a las tres señoritas, aunque tampoco es que me sorprendiera, al fin y al cabo solo tienen puestos de mucha responsabilidad... En la zona de las duchas siempre me cabreaba, porque el grifo funciona así: lo pulsas, sale agua durante 5 segundos y luego se para.  Soy incapaz de soportar soluciones tan mezquinas y cutres. Es como cuando en los locales de moda exclusivos solo salía agua caliente de los grifos del baño, para que la gente no bebiera allí y se dirigiera como es debido a la barra. Otra cosa es que no había dónde dejar la tarjeta mientras te duchabas, porque cierras la taquilla mientras te duchas y te la llevas contigo.

Si tuviera que valorar el lugar, la multitud le restaría muchísimo a la puntuación total y, como consecuencia, su completa incapacidad para permitir entrenamientos de calidad, lo cual puede ser una gran desventaja en un gimnasio. En el caso de las mujeres, la cosa cambia, porque hacen tipos de entrenamiento muy distintos. Ellas tienen arriba la zona de cardio, con al menos 30 máquinas, además de las salas de aeróbic, aunque claro, hay que conseguir entrar. En general, creo que está muy bien para ligar, la zona de bienestar es especialmente adecuada para eso y, además, el lugar está lleno de mujeres de veintitantos y treinta y tantos que luchan con problemas de autoestima.

En general, Life1 podría ser un sitio muy cuidado y muy guay, pero hay indicios de que dentro de unos años seguro que empezará el proceso de deterioro, porque va mucha gente y con tanta gente el gimnasio se desgasta muy rápido. La gente acabará destrozándolo, siguiendo el principio de que demasiados esquimales echan a perder la fiesta. No tengo datos exactos de cuánto han invertido en el lugar (no ha sido poco), pero mientras no recuperen la inversión  y no les vuelva el dinero que han puesto, veo muy pocas posibilidades de que empiecen nuevas reformas de varios millones. Aunque quizá me equivoque y amplíen el lugar, algo que, admitámoslo, realmente hace falta, sobre todo por el bien de Life1. 

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