Vive rápido, muere guapa... El sistema l.
«Tengo miedo... En unos días se acaba mi dieta y me da miedo que termine, porque no sé qué pasará después ni qué voy a comer». Estas son las palabras de una amiga que, al acercarse al final, empezó a reflexionar sobre cómo sería su vida después del programa. Podría decir que es la vida después de la muerte, aunque tampoco es para tanto; si bien es cierto que, al terminar el programa, también termina el estilo de vida al que te habías acostumbrado. Ya no tienes la comida pautada ni tienes que seguir las reglas: sales del programa y entras, por así decirlo, en la vida independiente. Y entonces, ahí lo tienes: has adelgazado, has alcanzado tus objetivos, pero ¿y ahora qué? ¿Qué comes cuando ya no estás a dieta, cuándo y según qué criterio? ¿Vuelves a empezar a zampar? Pero, en ese caso, también puedes irte tranquilamente a la mierda, porque sería como arremeter con una bola de acero de 3 toneladas contra la casa que acabas de construir con mucho esfuerzo. Los primeros días después del programa son difíciles, porque ya no tienes que andar peleándote con las sopas sin pasta en bodas y cumpleaños, ni acompañar las fiestas con cola light y agua sin gas. Ya no serás el conductor y podrás beber tu bebida favorita, pero, seamos sinceros, después de completar con éxito un programa, es obligatorio emborracharse, pero de una manera brutal, jodidamente a lo grande.
El programa es un período de cambio de estilo de vida que, si lo sigues, te permitirá alcanzar tus objetivos, pero no puedes ni tienes que vivir así toda la vida. Los húngaros somos un pueblo infeliz, porque, aunque no tengamos problemas, caemos en la depresión; y en nuestra sociedad actual, tan carente de estímulos, la comida es casi el único factor de felicidad al que podemos acceder de forma barata y en cualquier momento. El problema es que a la mayoría de la gente no le pasa una mierda, solo van pasando los días, las semanas y los meses de siempre. Los días grises y llenos de problemas se suceden; durante buena parte del año no nos pasa nada especial, solo están el estrés de siempre y los putos dramas de pareja. Te sientes infeliz, así que te comes un chocolate como dosis de hormonas de la felicidad, te zampas tu comida favorita y, durante esos pocos minutos, sientes que ahora todo está bien, porque está buenísima y, joder, te hacía mucha falta. Necesitamos sentir que estamos vivos; necesitamos vivir esos momentos que creemos felices, aunque sean pequeñas alegrías insignificantes. Al fin y al cabo, la vida es una mierda y, por mucho que esté de moda decir «vive rápido, muere guapa», llevar ese estilo de vida es inalcanzable para la mayoría de la gente, que ni siquiera lo ha intentado...

Cuando me uní a los 18 años al triste círculo de los ludópatas, me quedaba de pie ante la ruleta buscando eso que no encontraba en el día a día. El riesgo, caminar sobre el filo de la navaja, la adrenalina subiendo; algo que aún me recordara que estoy vivo. Esa mierda giraba y yo esperaba a ver dónde caía la bola, que imaginaba como un trampolín, esperando que me salvara, que tuviera dinero, que por fin saliera esa jodida apuesta enorme que me permitiría progresar sin trabajar, tener dinero y que todos se fueran a la mierda. Me quedaba ahí por esos treinta segundos, pero al final el dinero ya ni importaba; solo quería sentir ese cierto vértigo, ese pequeño subidón de que me latiera el corazón y olvidarme de toda la mierda, porque en ese momento estaba bien, joder, estaba muy bien. Buscando una sensación parecida, hay gente que salta de aviones, quizá con una cuerda atada a los pies, o escala rocas sin cuerda, o le quita la mujer a otro, buscando esa sensación, pero las mujeres no podrían entenderlo. La vida es como una ruleta y eso es lo importante. Sabía que lo que hacía estaba mal, había perdido tanto dinero que ni me atrevo a decir cuánto, pero me daba igual. Lo hacía porque me gustaba, porque necesitaba esa sensación. Con la comida pasa exactamente lo mismo. Sabes que es una mierda, sabes que te está destrozando, pero, joder, necesitas esto, necesitas esta puta mierda, porque si ni siquiera tienes esto, entonces ya podemos irnos todos a la mierda. Todo lo perjudicial acaba contigo a largo plazo, pero te da igual porque simplemente te gusta. Fumar es perjudicial y te destroza, pero quien nunca ha fumado jamás entenderá lo que significa sentarse en un banco, encender un cigarrillo y simplemente fumárselo sin preocuparse por el cáncer ni la muerte. Pero creo que lo mejor de todo es que te arriesgas, que lo niegas, que te rebelas y te da igual.
Cuando hayas terminado los años escolares y empieces a trabajar, será entonces cuando te des cuenta de verdad de que la vida es una enorme máquina de mierda. Aunque durante un tiempo todavía te acompañen los despreocupados años de escuela, a la mayoría de la gente ni siquiera se le concede eso. El trabajo y la lucha por la subsistencia te ocupan todo el tiempo y, dependiendo de tu nivel educativo, te van empujando lenta pero inexorablemente hacia la triste monotonía de la vida cotidiana. Y las diferencias económicas tampoco ayudan mucho; como mucho, sentado en una silla mejor, sientes que tu vida es una mierda, infinitamente corta e insignificante. En este estado, solo quedan dos vías de escape constantes y seguras: la comida y las relaciones de pareja. Este tema de hombres y mujeres daría para todo un blog, pero, simplificando, podemos resumir las características de género de nuestra sociedad actual con lo que más se oye de ambos sexos: que los hombres son unos hijos de puta repugnantes, mentirosos y miserables, y que las mujeres son putas que se acuestan contigo cuando les conviene, en el sentido más noble de la palabra, no como insulto. Citas, compromisos interminables y las infidelidades más rastreras, de esas que te dejan con la boca abierta. Por supuesto, hay excepciones, pero yo no basaría mi felicidad en la estabilidad de las relaciones de pareja en el mundo actual, porque ya han pasado por mi cama suficientes chicas con pareja como para saber lo que son capaces de hacerle a su novio mientras siguen con él, a ese al que supuestamente querían. Y además, no me fío de alguien que sangra durante cuatro días y no se muere. Claro que hay muchas excepciones, así que supongamos que solo consigues mantener una relación durante unos meses o que solo el sexo casual te proporciona satisfacción emocional; aun así, ya podemos dar por cubierto el placer que se aportan mutuamente los sexos. Con esto ya tenemos la felicidad de las relaciones de pareja, pero ¿qué pasa con quienes todavía no han conseguido ni eso, o con quienes están ahora mismo en una relación de mierda y tienen miedo de cambiar, porque en el mundo de las mujeres no hay movimiento mientras no aparezca a la vista la otra rama a la que puedan agarrarse? Pues a ellos les queda la comida: ese puto mascarpone light, los chocolates y esas bazofias gastronómicas repletas de azúcar o de grasa que superan las 800 calorías.

Ahora, desde hace casi 8 años, salvo por mis 3 amigos, me rodeo exclusivamente de mujeres. Son parte de mi día a día: hablo con ellas casi todos los días del año, coqueteo con ellas, estoy con ellas; así que ya las conozco lo suficiente como para saber que nacer mujer es una de las mayores putadas de la vida, aunque sé que ellas son el sentido de la vida y que hacemos todo por ellas. Estudiamos por ellas, construimos una posición y una vida por ellas, para al final conquistarlas y, a ser posible, conseguir cuantas más mejor. El aspecto más evidente y determinante de la vida de una mujer es su figura y su apariencia. Por supuesto, se puede protestar contra esto, pero la belleza y el aspecto de una mujer determinan en un 98 % su estado emocional y su actitud ante la vida. A todo el mundo le importa un carajo lo que las mujeres logren en el trabajo, porque eso no le interesa a nadie en el mundo de los hombres. Puedes tener un puesto de varios millones con 70 subordinados que dependen de ti y de tu trabajo, pero los hombres, cuando hablan entre ellos, solo se preguntarán de qué color tienes el pelo y qué culo tienes. Lo encantadora que es tu cara, lo femeninas que son tus piernas, cuánto te miden los pechos y qué atractivo sexual tienes: eso es lo que les pone a los hombres, no tu posición social, porque a todo el mundo le importa un carajo; es más, es más una desventaja que una ventaja. Las mujeres, su aspecto y cómo es su vida son lo que lo eclipsa todo; y ese aspecto está determinado fundamentalmente por lo que comen y por lo que esa comida le hace a su cuerpo y, por tanto, a su vida.
Las mujeres pasan toda la vida haciendo dietas y, por supuesto, casi siempre fracasan. Por un lado, por su forma de pensar basada en las emociones, que va unida a situaciones vitales extremas; por otro, porque, como escribí más arriba, además de las emociones de las relaciones de pareja, la comida se ha convertido en la única fuente de placer que les queda, y con las dietas también quieren quitársela. Y eso sin hablar aún de las muchas dificultades y de la sensación de indefensión que conlleva ser mujer, a las que tienen que enfrentarse día tras día. El periodo posterior al parto, las indudables cabronadas de los hombres, el aumento de peso causado por los anticonceptivos, ante el que el estrógeno, como hormona, actúa como una bomba incendiaria, y la sensación de que no son más que un complemento en un mundo creado por hombres. La lucha de toda una vida por tener mejor aspecto, los estallidos emocionales provocados por el factor emocional, para los que las mujeres encuentran en los dulces y la comida la solución adecuada, con lo que solo destrozan su aspecto y se hunden ellas mismas en lo más profundo de sus crisis de autoestima…

No hace falta pasar hambre toda la vida ni torturarse con las dietas de autocastigo más absurdas, porque hay otra solución, con un plan y además llevadera. Aunque el primer gran programa de cambio de estilo de vida de Lifetilt es difícil, cuando lo terminas ya has dado el paso más grande hacia una vida más saludable y plena. Pero solo es el primer paso, los primeros 70 días, que algún día llegarán a su fin. Esta publicación trata del periodo posterior al programa y de los años que le siguen: cómo conservar la figura y qué debes hacer para mantener, al menos más o menos, el peso y el aspecto que alcanzaste con el programa Lifetilt.
De esto trata esta publicación, y sobre la vida después del programa hablará la segunda parte de esta publicación…
El sistema II. El viernes.
