¿Por qué es…?
¿Por qué, si uno quiere comer de forma limpia y saludable, tiene que pelearse mil veces más con sus supuestos seres queridos que quienes fuman, beben o se meten a dos carrillos comida cada vez peor?
¿Por qué, si alguien se fuma un paquete de cigarrillos en una noche cuando estamos con amigos, en realidad no le molesta a nadie, pero si salimos a correr a las 6 de la mañana o en invierno, a –5 grados, nos toman por completos idiotas?
¿Por qué emborracharse hasta acabar vomitando no le molesta a nadie, pero si en una fiesta bebemos agua sin azúcar y no nos ponemos hasta las cejas con un tequila cada diez minutos, somos los excéntricos rebeldes que no saben disfrutar de la vida?
Y la eterna pregunta…
¿Por qué, si rechazamos la comida hasta arriba de azúcar, bañada en grasa e inaceptable en todos los sentidos, somos nosotros los raritos de mierda a los que pueden estar molestando durante horas, pero, por supuesto, no podemos decir ni una palabra a los parientes con cara de estar engordando sentados a la mesa, ni siquiera algo como: «Oye, mira. Entiendo que te aceptes tal como eres y todo eso, y la verdad es que a mí también me parece sexy comer el sexto pastel de crema resoplando con la cara sudada, pero estaría bien llegar a los 55 años, ¿no crees? Ya sabes, ahí tienes a dos niños en casa que alguien tendrá que criar».
Pero claro, eso no se puede decir. En cambio, burlarse de la gente por estar flaca, llamarla anoréxica, reírse de su dieta y usar sin parar todas las variantes posibles de la palabra «vegetariano» está perfectamente permitido, incluso durante horas. Pero avisar a alguien de que le ha quedado medio pastel Dobos en la comisura de los labios, eso sí que es de mala educación.
¿Por qué se meten con quienes quieren llevar una vida saludable y nadie les dice ni una palabra a los miembros de la sociedad que se envenenan descaradamente?
Porque todo el mundo sabe exactamente cómo debería vivir, cuál sería el estilo de vida adecuado, pero o no tiene fuerzas para llevarlo a la práctica o, como ser humano, no es capaz de hacerlo. Toda persona que vive como todo el mundo debería hacerlo –un estilo de vida que, sin duda, implica renuncias– les pone un espejo delante a los miembros de la sociedad que no lo hacen. Y cuando le haces ver a alguien sus defectos, te atacará. Te atacará porque encarnas a la persona que también debería ser, y no quiere enfrentarse a ello. Claro que no te dice nada si fumas, bebes o te atiborras de comida de mierda, porque esa persona también lo hace; así confirma para sus adentros que, mira, no está sola en la mierda, y con eso se da permiso a sí misma.
Nadie te dirá nada si te envenenas, porque al ver la debilidad de otra persona te sentirás superior. Cuanto más se destruya alguien, más te sentirás por encima de esa persona; así de jodidamente sencillo. Esto pasa sobre todo entre las mujeres. Que la otra coma, al menos habrá una competidora menos.
Cuanto mejor sea la calidad de vida que lleves, más te odiará la sociedad. Acéptalo y tú también suéltales alguna pulla a esos parientes cabezotas si la vida te pone en una situación en la que tengas que hacerlo.
Lo sabes, es por su bien, solo que también se preocupan por ti…
