A través de los (rém)sueños...

El mundo del espectáculo es despiadado y no se anda con chiquitas. No le importan los valores internos, no le dice al vecino que su hijo recién nacido, horriblemente feo, es precioso, no hace creer a millones de mujeres en las primeras citas que sí, que de esto saldrá una relación seria, cuando cómo iba a salir, pero, sobre todo, no se vende a sí mismo sueños. No crea ni alimenta ilusiones, sino que se mantiene firme, con la cabeza lo más despejada posible, frente a la caja registradora y despacha a todo el que no dé las cifras adecuadas o no encaje en esa visión del mundo cargada de ideología a la que el mundo del espectáculo simplemente llama belleza. A largo plazo, la industria del entretenimiento no necesita productos defectuosos (bikicsunáj) ni espectáculos invendibles. Donde los ideales y las tendencias mundiales coinciden en un mundo donde todo es rosa y hasta el arcoíris está cubierto de alguna mierda empalagosa, sencillamente no hay lugar para la hipocresía, la falsedad y la cruda realidad de la vida cotidiana. Es un mundo nítido y sencillo, porque donde todo parece colorido y deslumbrantemente lujoso, en realidad todo es blanco y negro. Si eres guapo y atractivo, aunque no tengas talento ni sepas hacer nada, aun así puedes salir adelante, aunque sea por un tiempo. (¿Valóvilág, Éden Hotel, Zimány Linda? ¿Te suenan?) Si la belleza va acompañada de talento, entonces se te abren de par en par todas las puertas en todos los ámbitos de la vida; la industria del entretenimiento y todos los medios te recibirán con los brazos abiertos. Pero ¿qué pasa si la vida no te ha favorecido con un físico atractivo, o has empezado a ir cuesta abajo y comienzas a desmoronarte? En resumen, jodido; y, para decirlo con más detalle, aún más jodido, porque entonces te agradecen la participación y te toca volver a limpiar parabrisas a la gasolinera.
El mundo del espectáculo no se engaña a sí mismo, pero sí engaña a todos los demás. Vende sueños y ofrece mundos inexistentes como alternativa a quienes ya están hasta la puta coronilla de toda la mierda que los rodea día tras día. Por eso queremos ver mujeres guapas y coches buenos, seguir vidas de un nivel inalcanzable, ver padres de familia ideales en vez de maridos obesos tirados en la cama e imaginar que la nuestra forma parte de modelos familiares que funcionan bien; pero, sobre todo, queremos ver cómo ascienden personas corrientes con las que más nos identificamos. Nos da esperanza y algo a lo que aferrarnos, algo que nos ayuda a sobrevivir a toda esta mierda llamada vida. Creer que, copiando marcas, dándoles «me gusta» y siguiendo a gente, nosotros también podemos formar parte de esa vida feliz compatible con el mundo del espectáculo.

Por eso funciona todo este bombo mediático y precisamente por eso el televisor ocupa un lugar central en el hogar del 70 % de las familias. La gente necesita sueños para sobrevivir y modelos a seguir. Deportistas y equipos, una mujer feliz y triunfadora en la página 23 de Glamour, que encontró a un hombre con ÉXITO EN SU TRABAJO. Mujeres que lo lograron. Una mujer que ha adelgazado, una madre feliz, cócteles con amigas solteras EXITOSAS, en algún sitio de postureo de mierda lleno de nuevos ricos aferrados a sus privilegios o de don nadies que quieren parecerlo. Una vida y un nivel de vida llenos de ilusiones, a los que quieren pertenecer y que sienten como propios, pero que nunca han podido alcanzar y de los que no tienen ninguna posibilidad de formar parte. ¿Por qué no? Da igual. Por sus propias limitaciones, porque las circunstancias externas no se lo permitieron, por la mala educación de unos padres mezquinos y pusilánimes o, sencillamente, porque ni siquiera intentó buscar y traspasar sus límites. Cada día nos venden estos deseos y emociones, y nosotros los compramos sin pensarlo. Los anuncios se basan en esto, las películas se hacen por esto y por esto se escriben las letras de las canciones.
En los medios no cabe nada que esté por debajo de la media, que sea pequeño burgués o irremediablemente cotidiano, porque aunque nos encanta identificarnos con Suzanne Boyle y nos hacen creer que algún día nosotros también... que algún día también nos tocará el maldito gran golpe de suerte, aun así sabemos que ni de coña va a pasar. Porque, aunque el corazón de millones de personas lata al unísono con Suzanne Boyle o con Paul Potts, cuando se apagan las luces y pulsan el botón de parada de las cámaras, lo único que necesitamos es la emoción, el efecto que ha provocado; ya no necesitamos a Suzanne Boyle.
La manipulación de la publicidad, la supremacía de los objetos, los símbolos de estatus por los que nos sentimos superiores y gracias a los cuales esperamos ascender en la posición que ocupamos en la sociedad. Pero no son más que un nombre en tu camisa, un logotipo en tu coche, números en un trozo de papel. Todo el mundo lo sabe, desde las agencias y las cadenas de televisión hasta los grandes estudios. Por eso nos ponen delante a mujeres cada vez más atractivas, y después ya da igual de qué trate el anuncio o qué quieran vender. Queremos ver mujeres, preferiblemente una que no esté sentada en la otra habitación ni esté teniendo su rabieta número 72 del día, porque un hombre, por muy enamorado que esté, siempre deseará sexualmente a otra mujer, aunque jamás engañara a su pareja. Esto es algo que las mujeres nunca entenderán. Porque se pueden vender millones de cervezas Borsodi con hombres con barriga cervecera y camisetas de tirantes de rejilla, pero con mujeres feas, niños que no sonríen y hombres que no parecen tener éxito, ni de coña vendes una mierda. Recordemos el enorme fracaso de la marca Chokito, «feo y delicioso», o ahí está Dove, que fue la primera en romper con la tradición y empezó a definirse con mujeres corrientes en lugar de modelos. Bueno, una cosa es que la idea fracasara estrepitosamente, porque ¿quién querría comprar un producto que le recuerda a uno mismo? Y, además, ¿quién quiere ser corriente? Digamos que incluso durante las semanas de mayor auge de la campaña, se aseguraron meticulosamente de que esas mujeres corrientes fueran corrientes de una forma que sirviera para la publicidad. Apoyarse en la crisis de autoestima de las mujeres es, por cierto, una de las cosas más rentables de este planeta.

Ya que ha salido el tema de la autoestima de las mujeres, no está de más señalar algunas cosas. Porque una cosa es dónde se sitúan las mujeres y qué piensan de sí mismas o del lugar que ocupan en el mundo, porque eso no le importa una mierda a nadie. Lo único que importa es lo que los hombres piensan de ellas y lo que las mujeres piensan unas de otras, y eso funciona de maravilla en ambos sentidos. Porque yo tampoco corro 30 kilómetros a la semana ni me mato a diario en el gimnasio por los chicos. Un día me puse a pensar si el concepto de ambición existiría en la sociedad masculina si no hubiera mujeres. Si no tuviéramos que encajar en el triángulo de perspectivas, ambición y carrera profesional que las mujeres consideran más importante, ¿de verdad andaríamos todos sin rumbo, de aquí para allá? Añadiré de inmediato que lo haríamos felices y liberados. Sí, las mujeres esperan que pongamos algo sobre la maldita mesa, pero a cambio nosotros esperamos de ellas que cuiden su aspecto, se arreglen y tengan una feminidad sensual. Si no conseguimos eso y no tenemos fuerzas para cambiar de pareja, nos refugiamos en el mundo de fantasía que nos ofrece la televisión. Pero ahí no hay concesiones. No puede haber raíces visibles, ojeras, celulitis, un trasero caído ni 10 kilos de más. PERO tampoco hombres obesos, cansados, con barriga cervecera y venidos a menos. O, si los hay, el importantísimo grupo de edad de 18 a 49 años cambia de canal.

Este sábado, con la primera ronda de castings, arranca SummerProject. Estuve mirando a los candidatos y no dejaba de pensar que no tienen ni idea de a qué se están apuntando. Se meten completamente a ciegas en tres meses para los que estoy convencido de que el 90 % del grupo no está preparado en absoluto. Ni para lo que les espera físicamente ni para la presión mental que soportarán continuamente durante el programa, pero sobre todo, no están preparados para la disección a la que solo puede someterte el mundo de los medios. Expectativas de las que ya he hablado: o el chico cumple y se transforma, o el programa fracasa y pasan a otra cosa, mientras nosotros volvemos a hacer el ridículo. Tuve la suerte de observar durante un tiempo desde dentro este fantástico mundo comercial; bueno, qué puedo decir, cada minuto fue una experiencia fantástica, no hace falta decirlo.
¿Será divertido? Creo que sí. ¿Serán mejores personas al final del programa? Por fuera, desde luego. ¿Se arrepentirán de haberse apuntado al programa? Ni de coña. Pero al menos lo intentarán. Puede que fracase, pero intentará cambiar, mejorar, salir de los límites de lo cotidiano y demostrar que sí, joder, solo hay que atreverse y querer hacerlo. La tarea de este chico no será ni mucho menos adelgazar y ganar músculo, sino hacer lo mismo que Petra y Dani: mostrar el camino e inspirar. Demostrar que sí se puede vivir con menos de 3000 calorías al día y entrenando 5 veces por semana, además de trabajar; que puedes mirarte en ese puto espejo y que no solo los chocolates que te zampas te hacen feliz. Cada cual tiene objetivos, planes y motivaciones diferentes, pero todos esperan algo de este programa y, si lo pensamos más a fondo, de la vida; pero que lo consigan dependerá única y exclusivamente de ellos. En cualquier caso, el sábado estaremos un poquito más cerca de la solución.
¡Saludos!
Me gustaría ponerme a prueba ante el público de Summer Project; quizá así conseguiría introducir un poco de cambio y orden en mi alimentación, mi vida y mi autoestima.
Si me seleccionaran, creo que solo tendría efectos positivos para mí.
Hola,
Mi gran sueño en la vida es ser una estrella del rock: tocar la guitarra con el torso desnudo, posar en las portadas. Pero eso no es posible sin un torso como el de Iggy Pop o los RHCP.
¡Sed mi tío Dévényi Tibi y ayudadme a adelgazar para convertirme en una estrella del rock!
Los medios de comunicación y la industria del entretenimiento, tan estrechamente relacionada con ellos, son el mundo más puro y sincero. Si quieren que el lector perciba la caída y la decadencia de una estrella, solo publican una foto del antes y el después. Me resulta aterrador y espeluznante lo que pueden hacerle a una persona 20-30 kilos de más, y no me refiero ni mucho menos solo al aspecto físico. Tampoco hemos oído mucho de ellos últimamente...










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