Slim3 Mariann, 58 años, día 0
– ¿Fumas?
Mariann: – No, solo cuando juego al póquer.
Y sí, ese fue el momento en que tuve la absoluta certeza de que Mariann tenía un puesto asegurado en Slim3 Generaciones.
Me gustan las mujeres que no se ponen la máscara de la impostura, ese complemento indispensable de la condición femenina. Me gustan las mujeres que no se vienen abajo por el hecho de haber nacido mujeres, pero sobre todo valoro a las mujeres que, una vez cumplidos los 35, no dejan que la edad ni las ideas rancias que la acompañan determinen sus vidas. A los húngaros nos encanta fingir como locos, representar un papel de cara al mundo exterior, el que la mayoría retrógrada nos impone y quiere ver en nosotros. La mentalidad pequeñoburguesa comunista respecto a la vida todavía no ha desaparecido de la vida cotidiana, ni siquiera 23 años después, y apenas ahora estamos empezando a descubrir la verdadera forma de pensar que Occidente ya ha experimentado hace mucho. Estamos al menos 50 años por detrás de los países desarrollados, pero, por desgracia, no solo en lo económico, sino sobre todo en nuestra manera de pensar. Solo lo entiende de verdad quien no se ha ido a Grecia durante dos semanas a darse la gran vida con un viaje de última hora, sino que ha pasado meses o incluso años empapándose de ese ambiente que aquí no tenemos ninguna posibilidad de respirar, salvo en forma de una polla, en cuyo extremo suele estar el gobierno de turno.

Vivir nuestra vida sin que la edad nos condicione lo más mínimo a la hora de actuar. Aquí es terriblemente difícil conseguirlo, porque somos unos maestros mirando a los demás con cara de pasmo cuando vemos algo que no encaja en la gris y cutre visión del mundo del húngaro promedio. Tener personalidad propia aquí es casi imposible y equivale a ser un loco despreciable; aquí lo que está de moda es la modestia y esconder nuestras pertenencias, solo para que no nos miren mal. Aquí el éxito es un insulto y los fracasos ajenos se celebran, porque así ninguna de esas mierdas insignificantes e inútiles tiene que enfrentarse al fracaso de su propia vida. Dios mío, no puedo expresar lo muchísimo que odio a todo el mundo aquí. Somos un país de 10 millones de personas amargadas, y siempre seguirá siendo así. Ah, no, perdón: solo somos 9 millones y medio, porque entretanto ya se han largado medio millón de aquí.
La cuestión es que Mariann tiene muchísimo carácter, porque encarna ese espíritu de libertad y eterna juventud con el que se nace, algo que valoro muchísimo en una persona, porque, seamos sinceros, cuando pensamos en alguien de 58 años, no nos imaginamos a alguien que quiera saltar en paracaídas de un avión desde 4000 metros, y, sin embargo, Mariann se está preparando para hacerlo, entre otras cosas, por eso también quiere adelgazar. Esa es la esencia de tener ganas de vivir. Vivir la vida sin que importe la edad ni los encasillamientos generacionales ya mencionados. Esa es la verdadera fuente de la juventud.
Podría seguir desarrollando el tema un rato más, pero lo importante es que Mariann, con sus 58 años, es fácilmente más joven que el 80 % de los veinteañeros de hoy, y hasta podría ser mérito suyo si nuestra generación no fuera una generación tan jodida.
Mariann
Me llamo Mariann, tengo 58 años, soy madre de familia y tengo dos hijas mayores y un nietecito. No sé ni por dónde empezar a presentarme. Dicen que somos lo que comemos… Bueno, en ese caso, una presentación detallada sería demasiado larga, porque soy muy polifacética. 🙂
Por desgracia, para mí, hasta ahora comer de forma equilibrada significaba que, si tenía un pastel en una mano, me compraba otro para la otra, para que hubiera equilibrio. Ya he intentado muchas veces bajar de peso, pero desde hace años no hay manera de conseguirlo. He probado a hacer ejercicio y todo tipo de dietas, pero hasta ahora, durante mis dietas, lo único que he perdido ha sido la cuenta de los días que desperdicié haciendo dieta.
Ahora, sin embargo, después de muchos intentos y de la experiencia acumulada, sé lo que necesito: límites, apoyo externo y control. Parece una tontería, pero es muy importante. Si no tengo que decidir qué comer, cómo entrenar, etc., empezar ya parece mucho más fácil. También es importante que alguien confíe en mí y me apoye. Hasta ahora, más o menos conseguía engañarme pensando que picar algo de vez en cuando no era hacer trampa en un programa estricto, pero no haría lo mismo con alguien que trabaja abnegadamente para ayudarme. Estoy muy agradecida a Tomi por darme la oportunidad de participar en el programa LifeT!Lt, y haré todo lo posible por dar buen ejemplo y animar también a los demás, aunque, por supuesto, sobre todo quiero tener éxito por mí misma.

Quiero cerrar mi etapa anterior y empezar una nueva vida en un cuerpo nuevo. La medida 90-60-90 quizá ya solo pueda ser mi número de teléfono, pero si consigo perder 15-20 kilos, para mí ya será como una salvación, porque mi cuerpo es la maleta que cargo toda la vida, y cuanto más pesa, más corto será el viaje. Yo, en cambio, quiero poder perseguir a mi bisnieto en el parque infantil después de perseguir a mi nieto, y también prepararle una deliciosa costilla asada… Uy, quería decir ensalada.



